Delirio astral

Vagaría milenios por tu boca. Recitaría poemas en las plazas con la esperanza de verte. Perdería la voz en ese intento de aullar lo que siento. A la intemperie, me convertiría en lluvia para mojarte.  En la mar, sería ola con una oportunidad de tocarte y escogería el Atlántico y la bahía de Cartagena para llegar a ti. Me subiría a una bestia, sin espuelas, y cabalgaría hasta el amanecer en El Tablazo donde sin ruana, vencería la hipotermia con el calor de tu mirada. También le pagaría con un beso a un gondolero por hallarte en Venecia. Subiría los escalonados tejados de Brujas y hasta tendría mi propio canal en Amsterdam. Sería una mujer fluvial para encontrarte aquí o allá y en cualquier estación. Sería cerezo también. Florecería contigo hasta morir. Dormiríamos en camas separadas para que tu cuerpo no se habitúe a mí y el mío tenga una excusa para pasarse. Por lo pronto camino las dunas de los sueños donde por alguna razón voy a color y tú no me esperas al doblar la esquina. Me detengo y ya no soy más coyote, ni correcaminos el amor. Te escribo una delirante carta que deposito en el buzón sin dirección alguna. Comienzo a vagar y un poeta recita a todo pulmón en el centro de la Plaza Bolívar. Comienza a llover y agradezco tener conmigo mi paraguas. Voy a Cartagena pero no me arrimo al mar. Voy en una cabalgata y mi bestia después de un rato, se niega a andar. Por alguna razón un joven me confunde con gondolera y me besa para pasear. Compro chocolate y bordados en Brujas y siento que alguien me mira. Pido el helado con cerezas y muerdo la última por la mitad. 



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