martes, 11 de julio de 2017

Sangra la noche

Odio la noche cuando viene cargada de insomnio, cuando no sé si hace frío o calor. Cuando sobre mi almohada se arruman problemas tarde para solucionar. Reniego de la noche cuando no calma, cuando el minutero avanza hacia lo insondable. No la quiero cuando me tengo que pasar de cama, cuando brincó al sofá y los perros brincan conmigo. Cuando voy a la cocina descalza y reviento un vaso que no vi. Corro entonces a evitar que mis perros se hieran con vidrios que tomo con las manos. Sangra la noche cuando escucho roncar y siento envidia por el sueño de otros. Lloro. Extraño a mi padre que no está y le hago preguntas que tarda en contestar. También me lastima tu ausencia, el silencio inamovible entre la persiana y la calle. La búsqueda inefable del final para un poema. Mis manos rascando mis ojos como si así fuera a invocar el sueño. La tentación de tomar media pastilla más, veinte gotas, un recomendado té de coca. Todos los libros abiertos en las páginas que me faltan por recomenzar. La infancia y la muerte en Pizarnik. Un trozo de carne para Colmillo Blanco. El polvo que levanta un viejo cacharro en una ira que aún está por verse. Viajar en el tiempo con Glick. Ir tras el Matemático en Glosa. Perseguir un sueño de Chagall en Bachelard. La suerte de Mario Conde en un callejón. Ellos, todos ellos, son quienes no me dejan dormir.   

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