viernes, 9 de junio de 2017

Evocación

Por Marta Cecilia Cadavid

Hola prima, ¿cómo te trata París?
Seguro que no has perdido tu vieja costumbre de deambular sola por las Tullerías, o la Rue Rivoli, caminando sin prisa...  Puedo imaginar tu figura delgada exhibiendo con gracia dos o tres faldas de distintos tamaños, varias bufandas y collares, como toda una gitana; tal vez Montmartre ha dejado ya impresa tu estampa en los pinceles.
Te cuento que ayer decidí abrir el cajón donde guardo nuestros recuerdos y me encontré el viejo álbum de fotografías, momentos congelados de muchas vivencias gratas: nuestra primera salida al campo, la camisa de flores menudas que dibujaba tus pequeños senos, tu sonrisa… y ahí estoy yo, embelesado mirándote…la finca de Sopetrán, tú haciendo muecas al pie de la piscina… no puedo evitar recordar nuestras tardes apasionadas bajo los naranjos. También está la foto de mi primer auto, un R-4 blanco, tu cabello lo enciende con sus destellos cobrizos.
¿Recuerdas la última feria de las flores a la que asistimos? El sol  se apoderó del firmamento con toda su fuerza,  marejadas variopintas a cada lado de la vía se recreaban con el espectáculo:  joropos, torbellinos, guabinas, merengues, disfraces y leyendas, engalanaban la mañana; encabezando el desfile, hileras de hombres, mujeres y niños cargaban en sus espaldas silletas  con flores decoradas con arte, portadoras de refranes y mensajes; refulgían los flashes, la multitud los ovacionaba con palmas y voces de alegría. Las cámaras de televisión, ubicadas en sitios estratégicos, registraban el evento y lo retransmitían.
Tú tomaste muchas fotografías del desfile. Una en especial atrajo mi atención: un anciano silletero en un primer plano. Me detuve en esta fotografía unos momentos y me invadió la nostalgia, porque recordé cuando estuvimos en Santa Elena acompañando a los floricultores en su proceso de elaboración de las silletas… Pude sentir el aire del campo, al calor de unos tragos de aguardiente y la música de nuestra tierra, el resplandor en nuestros ojos.
Sentí la necesidad de plasmar esos sentimientos y sé que tú más que nadie me entenderás; la cara de ese anciano parecía hablarme, leí cada una de sus arrugas y gestos, y aquí va mi conversación con él:
Hombre de la montaña, tú no me conoces, pero yo te estoy empezando a descifrar: tu mirada gris algo nublada me cuenta de muchos amaneceres, dolores, llantos quizás, pero también intuyo ternura para acariciar, valor para sobreponerte a las vicisitudes y  en tus ojos hay destellos acerinos de los espíritus decididos.
El sudor baña tu frente, la canícula quema tu cuerpo. Sin embargo, tu paso, aunque lento, es firme. De vez en cuando miras hacia arriba ¿Con quién hablas? ¿Acaso con tu compañera que ya partió, o con un hijo asesinado en esta guerra sin sentido?
Tu espalda florecida de gladiolos, mimosas, geranios, margaritas y claveles, es como un pedazo de tierra que se ofrece generosa ante la vida. ¿Será tal vez este tu último año en el desfile? No lo sabes, tú solo vives este momento, escuchas la música de tu terruño que danza con la algarabía de la multitud y permeas los ámbitos con los aromas de las flores y de tu cuerpo.
¡Caminante eterno de las florescencias de la tierra! Siento tu grito silencioso, tu mano tan callosa de abrir surcos, tu sangre caliente que camina hinchada por las sienes, tus luchas, tu sed de paz,  pero también los ríos rojos que surcan la tierra que cultivas con la desesperanza y la muerte.
Querida Sonia, estos trozos de pensamiento son como una parte de mi alma que se abrió al evocarte, que atesora cada momento vivido contigo y todavía se estremece con el recuerdo de tus rizos de fuego abandonados en mi cuello.
Espero que mis palabras toquen tu corazón, o en último caso, te sirvan como historia para tu próximo libro.
Te abrazo,
                                                                                                 

Mauricio

Marta Cecilia Cadavid   Eterna aprendiz de la literatura y de la vida. Amante de las artes en toda su expresión. He publicado cuentos en antologías del grupo El Aprendiz de Brujo y en Voz de Nosotras

1 comentario:

Beatriz M dijo...

Espectacular!Me encantó la manera de describir los recuerdos, y la conversación con el silletero me hizo imaginarlo..Felicitaciones!!!!