viernes, 2 de junio de 2017

Con título de propiedad

Ya la noche no es fría, es templada. El rumor del río inventa una historia que nace desde la montaña. Un beso, siempre un beso suspendido en el aire. Absorto. Fugaz. Un beso tuyo, con título de propiedad. Un beso ajeno no podría desvelarme. Solo tú. Solo tus labios. Solo tu boca. Solo la cueva del delirio y el viento. Solo un trago que se bebe a momentos. Estoy sola y sin ti. Y sin embargo contigo. La piel se me eriza de pensar en tu abrigo. No quiero horas sin tu mirada acechándome. Quiero un minuto con tu deseo arrasándome. Eros siempre Eros, en esta vida con pulsión de muerte, se acerca, me olfatea y me rescata. Soy tuya ahora. Soy tuya siempre. Así no puedo hacerme daño porque no me pertenezco. De ti son mis horas. Mis minutos, mis colgados segundos. Mis incursiones al espejo, mis autorretratos, mis besos. Mis besos apenas si logran un título. No tienen propiedad. Vagan entre la distancia y el sueño. No son unos labios carnosos los que te reciben, ni una boca fina la que te aclama. Es una boca común, con sed de poesía, con sed de noche, con sed de estrellas. Y me aprehendo al beso con unas ansias rojas. De ti salen llamas. De ti sale el fuego. Y no sé si lo apago, mira que no sé si lo apago, si mi beso es frío, si tengo con qué tranzar el siguiente. Ve que te beso. Ve que me aprehendo. Ve que te anhelo. Que mi hambre no te asuste, ni mi melancolía te arrincone. Eros, siempre Eros, se acerca, me olfatea, me rescata. 


   

1 comentario:

Alejandra dijo...

Este y Eros, tus poemas invocatorios de ese lugar que el cuerpo alcanza en su elevación fantasiosa de mente, tus poemas que de terrenales pasan a la velocidad de La Luz a ser celestiales! Necesarios, eso sí, para que mente y cuerpo sean uno más uno= dos.