jueves, 8 de junio de 2017

Comentario a Los umbrales del delirio

Los umbrales del delirio

En este juego creativo de la escritora Claudia Restrepo Ruíz asoman, al menos, tres pistas que debemos mantener en nuestro campo de vista: el narratario en segunda persona del singular, la reiteración condensada y lúdica del encuentro íntimo, y la búsqueda de un ritmo propio.
Distribuidas en 42 cápsulas, semejan todo un arsenal acopiado durante un tramo que bien pudiera ser una vida. Sostener ese “tú” destinatario resalta como ejercicio que permite la puerta de desfogue. Quizás se confabulan vivencias vividas con vivencias imaginadas que quieren volar a los cuatro vientos. El “Tú” tiñe de cierta intimidad, parecida a la epístola o al diario, lo narrado, y le da la fuerza necesaria para sostenerlo. Se dirige a un “Tú” genérico y de él extrae también respuestas. Por momentos implica al lector embebido, que puede llegar a creerse destinatario del texto.
Los umbrales del delirio es un reiterado embeleso poético de la intimidad. Lo sensual y amoroso, lo supuesto añorado, lo deseado. Hay entrega y búsqueda. Un paisaje brotado de los labios y el pensamiento. Se torna en reflexivo intimista: “me sabes a mar”. Y de continuo enfatiza en un posesivo caracterizado: “Quiero”. Quiere apropiarse de las sensaciones. El eje es múltiple pero corporal, la boca, las manos, el pecho. El mar también es cuerpo, la tarde, el agua…
Las frases cortas en los textos también cortos, imprimen al libro un ritmo a veces azaroso. Ese continuo “bombardeo” pretende aferrar al lector, que no se despiste ni se distraiga, que está en la aventura de un encuentro, de una confesión, de un secreto que no tiene nada que esconder porque es común a todos los seres humanos.
Esta nueva obra de la autora de Ciento uno y Bitácora del cuerpo, cuenta con el atractivo suplementario de poder leerse comenzando en cualquier página. Y así mismo decidir el final.

Ángel Galeano Higua
Medellín, Junio 6 de 2017


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