viernes, 16 de junio de 2017

A papá

Papá,


Extrañaba pronunciar esas dos sílabas. Estoy sola así que te llamo varias veces. Te extraño tanto papá. La muerte es atractiva cuando pienso que te veré. A veces siento que será como cuando llegué de Europa embarazada. Aún conservo tu imagen en chaqueta café con los brazos cruzados esperándome, mientras descendía por las escaleras eléctricas. No podía haberte decepcionado más y tú no podías haberme amado menos. Te dolí papá. Te dolí tantas veces bajo mis cielos grises, ante mis auroras tristes. Y me amaste. Con furia sin que se notara un ápice. Me amaste siempre. Solo una vez me hiciste un reclamo. Ahora te imagino de carrizo con chaleco en la sala, conversando. Y cito ese pasaje del Gaviero que osa con atraparme: “Con los ojos secos, sin el consuelo del llanto, transcurrieron largas horas en ese último intento de mantener, intactas por un momento todavía, esas imágenes del pasado que la muerte comenzaba a devorar para siempre. Porque la muerte, lo que suprime no es a los seres cercanos y que son nuestra vida misma. Lo que la muerte se lleva para siempre es su recuerdo, la imagen que se va borrando, diluyendo, hasta perderse, y es entonces cuando empezamos nosotros a morir también” Yo muero cuando alguien enciende un cigarrillo o pruebo un sorbo de cerveza. Estás en los confines de mi historia, en el marcador del Santafé y en la brisa de Barranquilla. Tu acento neutro no delata tus raíces. De la imaginación, sacas una espada y me preguntas dónde está el dragón. El dragón soy yo papá, es a mí a quien temo, no he logrado ser mi amiga después de tantos años, me flagelo. Sin tu risa el mundo está medio vacío. Sin tus ojos, el mar perdió uno de sus tonos. Y continúo llegando a ti, hecha, deshecha, maltrecha. Y te sigo hablando sobre la vida y sus exposiciones. Sobre mis personajes y mis lecturas. Sobre la página del duelo que dejaste marcada en el libro de Santiago Rojas. Y no te sé morir, cada noche te bendigo. No pude tener un mejor padre, un mejor amigo… que tú. El lleno de tu ausencia me acompaña. Papá, papá, papá.
Tuya siempre,


Claudia Patricia    

1 comentario:

María Carolina Ruiz Molina dijo...

Me morí!! Qué recuerdos tan presentes. ��