sábado, 20 de mayo de 2017

Cruce de página

Te vi pasar. Entre la octava y la décima hoja. Quizás fue un párrafo que leí. Un verso al que me quedé anclada. Una línea, un refrán, una búsqueda, una luz. Te vi pasar. Me detuve en el largo de tus pestañas y en el morado de tu boca húmeda. Vagué en tu silueta gruesa. Me hice amiga de tus cordones. Anhelé tus pasos. Me tomé una cerveza con tu nombre. Doble la página para volver. Solo en un pasaje estabas. Y ese pasaje era de ambos. De la tarde que vimos morir sin sangrar y de la noche que nos cobijó sin estrellas. Un viajero era todo lo que quedaba de ambos. Una maleta, una estación, el sonido del tren que pasa sin detenerse. Las ventanas colando el frío. Las manos en los bolsillos. El pudor en una mirada. ¿Cuánto te quise amor? ¿Cuánto te deseé? El mismo tren, otros rostros. Alguien que cruza entre vagones y avanza. Alguien que lleva un periódico bajo el brazo y el abrigo raído por otros inviernos. Te vi pasar entre la octava y la décima hoja. Me decías: hace frío. Y yo queriendo calentarte las pestañas. Ya no quedas vos. No me saltas páginas. Estás allí entre el verdor y el rocío, entre la luz y su lámpara. Posesa, encandilada, busco sudarte para no temerte. Quiero hilar contigo un personaje en curso. Quiero cederle al destino. Ya caigo. Ya muero. Ya cruzó la página y es once. 

lunes, 8 de mayo de 2017

Eros

Es todo lo que de ti queda cuando Thánatos me visita. Eros tu pecho, tus brazos, tus músculos cargando una bolsa de mercado. Tu yo cotidiano con una emisora parlanchina y tu gusto aseverado por las rubias y delgadas. Eros tu barba, ya blanca, con tres días sin cuchilla escondiéndome tu boca, como si yo fuera a evitarla. Eros... las sábanas, llenas de motas y huellas de nuestros perros y sus caminatas. Y ve que no exagero. Ve que me alegras, ve que me antojas y no necesito nombrar tu cuerpo para recordar que adoro caer en él. Mi llanto se hace delgado cuando me miras. Mis miedos sucumben en tu sonrisa. Juntos le buscamos solución a un mundo contaminado. Y Eros la búsqueda, el camino, el destino, la puerta... cerrada. Y sí, Thánatos me visita, me susurra finales al oído, me incita a la derrota, me invita al fracaso y entonces, me aferro a ti como si la noche fuera un océano insondable, como si me hundiera y solo tú pudieras mantenerme a flote. Y mis pies fríos buscan los tuyos y tu calor me atrapa. Y floto en ti. Floto en ti. Y nada puede agarrarme. Entonces busco tu beso entre todos los besos para alimentarme. 

miércoles, 3 de mayo de 2017

Retahíla


Maná tu boca, tu beso que llega, tu risa que alimenta. Es tarde y quiero que lluevas. Precipítate a mí, desciende a la velocidad que quieras. Adhiérete, aférrate, vuélcate en mí. Léeme en desorden. Pronúnciame al revés. Cuéntame tu noche, salúdame a tus fantasmas. Dame el peso de tu cuerpo en un bostezo. Camina conmigo por kilómetros de libros en una feria sin tiovivo. Lee conmigo una línea del profeta. Imagina conmigo una tarde perfecta. Reconozcamos el Punto Vivo de Bonnett: La clave es sostenerse... El chelo, ¡siempre el chelo en un alegato de Bach! La ironía en el beso esquinero. El capricho de mi noche sellando tus horas. Maná tu boca, tu beso, tu risa. Escampa. Justo cuando quería guarecer contigo. Eterna, locuaz, fugitiva, rauda, homónima de mí, o de ti, acaso. Forastera, peregrina, migrante. Ve que llego. Ve que traigo mi amor en los dedos. Déjame tocarte, interpretar en tu piel un dulce momento. Ve que tardo. Ve que me dedico a cartografiar tu cuerpo. Anhelo de tu mirada burbujeante que me atraviesa.
Nos perdimos amor. Divagamos, huimos, fallecimos encueros al despuntar el alba.