jueves, 6 de abril de 2017

Otro adiós para Mendelssohn

Padece el invierno de tu cariño. Caricias mustias, miradas ajenas, rostro sin luz. Naufragio de palabras, insolación de besos, ardid de memorias. Anhelo campante, arrullo, traición a esquivez. Porta tu adiós como un suspiro largo y y contenido. Y prefiere imaginarte en las noches con lluvia bajo lanas espesas, con una taza de chocolate caliente entre manos, y con la lucidez detrás de un renglón de Saramago.  Prefiere cultivarte así... bajo el hechizo de Mendelssohn, sobre la orilla de un río. ¿Cuál río? Nuestro Aqueronte. Su cariño vaga entre el silencio y la llamada. No tiene una excusa, quedaron de no verse. Es abstinencia lo que siente. Jamás ha bebido sola y mira con curiosidad la botella de vino que quedó empezada la otra noche. Quiere perder el sentido para no reconocer que su alegría se fue contigo. Un momento. Bebe a pico de botella y se repite eso, de que la alegría se fue contigo. Se habrá ido Mendelssohn, pero le quedó el resto. Enciende el equipo en Mozart y manda al diablo las cobijas.   

No hay comentarios: