lunes, 10 de abril de 2017

Fuga

La bahía se desliza descalza entre faroles encorvados y palmeras ondulantes. La noche es cálida y la brisa solemne. El acordeón de risas se quedó en la plaza. Las casas desbarajustadas nos regalaron fotos, mientras nuestros pies se untaban de historias y acento costero. De repente fui Niña otra vez y me mordí el labio frente a un dulce de plátano. Comí helado de maracuyá y me tomé un granizado de patilla. Aromas, sabores, colores que solo se dan en estas tierras. Me embriagué con los ojos verdes de mis sobrinos y seduje a un Yorky con menudencias. Me demoré en sacar el computador, sí, el ordenador, porque hace rato no me ordena. El caos del interior necesitaba esta fuga, esta tregua, este sosiego. El dolor por el esmog, necesitaba este aire. Y los días se atropellan entre sí, queriendo robar mi sonrisa. Prefiero no pensar en el regreso para seguir aquí, acordándome. Dejar que papá llegue con la bahía, con sus olas danzantes, con su hambre de mundo. ¡Qué afortunada fui de crecer un cuarto de tiempo aquí! Adoro la sal en el rostro, el pegote en las manos, la noche con luna. La algarabía de mis tías preparando una cena. Sus carcajadas. Y el mundo al derecho en tantas pequeñas cosas. Vane y el sol, porque ilumina lo que llama su atención. Vane y sus preguntas, para muchas no tengo respuesta. Solo sé que entre la nostalgia y los sueños, Cartagena es un muelle donde pueden atracar mis lóbregos ánimos, mis disparates, mis conatos de ideas, y sí, mis anhelos de ti. 

   

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Qué suerte poder fugarse, escapar, partir al ayer. En estos momentos requiero de una fuga así; aunque la mía sería a las montañas del campo boyacense, a los ríos y lagunas de aguas claras, con el olor a caña recién cortada y a café en el molino. Las mañanas bebiendo leche recién ordeñada y la voz del abuelo llamando a ensillar los caballos. La noche iluminada por estrellas y al fondo solo música de grillos arrullándome.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Aleja, tu fuga suena fantástica. Con paisajes, olores y sabores. Con voces de seres queridos y cascos de caballos. Vale la pena fugarse en las descripciones, cerrar los ojos y sentirse allí donde la nostalgia nos dibuja.