domingo, 23 de abril de 2017

Canje

Caparazón bonito, ocio lleno, alcaraván oscuro: dame tu silencio confitado, tu abrazo de mil almas, tu beso alicorado. Dame tu mirada gris, tu sonrisa encriptada, tu música... Interpreta para mí un soneto, dime de memoria dos versos, inventa un pingüino en alta mar, una foca persiguiéndolo, un tiburón al acecho y una ballena... en la superficie. Sé parte de mi cadena alimenticia. Déjame rasgar tus brazos, morder tu lengua, masticar tu halago. Quiero partir, quiero volver. Quiero conocer tu ego más oscuro. Prometo abrirme a ti, develar mi ego más travieso. Vamos, anímate. Rompamos los espejos. Seamos la clara ficción de ese beso. Dame tu saliva, tu sal, tu mar. Déjame ser tu faro por dos días, cuarenta y ocho horas, ni un minuto más, ni un segundo menos. Préstame tu osamenta, confíame tu dermis. Te doy mi cabello. El oscuro transitar de mis ojos. Mi último dolor de muela. Arrasa conmigo. Desnuda mi piel. Hiere mis labios. Inventa un humor y yo te sigo. Di por ejemplo que la noche promete lluvia para que seamos dos cuerpos y un cobijo. Dame tu risa. Dame tu canto. Dame tu vino. Te doy mis cosquillas, mi voz de tarro, mi abstemia. Canjeemos el amor de a dosis, de a tramos, de a lechos. Dame tu lecho, se tú el mío.    

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