viernes, 28 de abril de 2017

Filbo este viernes 28



Buenos días, esta tarde estaré en Filbo presentando Los umbrales del delirio. Espero puedan acompañarme. También estará Javier Correa presentando sus dos últimos libros. Recuerden, Pabellon 3, piso 1, stand 434.

Claudia

domingo, 23 de abril de 2017

Canje

Caparazón bonito, ocio lleno, alcaraván oscuro: dame tu silencio confitado, tu abrazo de mil almas, tu beso alicorado. Dame tu mirada gris, tu sonrisa encriptada, tu música... Interpreta para mí un soneto, dime de memoria dos versos, inventa un pingüino en alta mar, una foca persiguiéndolo, un tiburón al acecho y una ballena... en la superficie. Sé parte de mi cadena alimenticia. Déjame rasgar tus brazos, morder tu lengua, masticar tu halago. Quiero partir, quiero volver. Quiero conocer tu ego más oscuro. Prometo abrirme a ti, develar mi ego más travieso. Vamos, anímate. Rompamos los espejos. Seamos la clara ficción de ese beso. Dame tu saliva, tu sal, tu mar. Déjame ser tu faro por dos días, cuarenta y ocho horas, ni un minuto más, ni un segundo menos. Préstame tu osamenta, confíame tu dermis. Te doy mi cabello. El oscuro transitar de mis ojos. Mi último dolor de muela. Arrasa conmigo. Desnuda mi piel. Hiere mis labios. Inventa un humor y yo te sigo. Di por ejemplo que la noche promete lluvia para que seamos dos cuerpos y un cobijo. Dame tu risa. Dame tu canto. Dame tu vino. Te doy mis cosquillas, mi voz de tarro, mi abstemia. Canjeemos el amor de a dosis, de a tramos, de a lechos. Dame tu lecho, se tú el mío.    

Olor de cielo

El olor de cielo invadió su casa. Se metió por las ventanas, por la terraza, por las bisagras. Se coló por la última risa y el penúltimo enojo. Hizo justicia al abrazar sus prendas y calzar sus zapatos. Se mezcló con las sábanas e hizo un hito de flores y barcazas. Sopló los libros de la cómoda y al azar leyó un verso de Romulo Bustos sobre el patio. El olor de cielo contagió de sueños su terruño. Bajó a un lienzo de Monika Ruiz y amenazó con lluvia sobre el mar. Al calor, acarició el vidrio de Tapio Wirkkala e hizo un sueño para una telaraña dorada. Conjugó los verbos ser y estar y agradeció que no fueran los mismos. Ser sin estar acontece en un idioma con h muda. Esa hache que ve como el olor asciende y anida en el polvo de los muebles, en las almohadas, en los cojines, en las medias arrumadas. El olor de cielo es el olor de un sueño. Con tus ojos y mi llanto, con tu fuego y mis quebrantos. Llega. Percibe el olor como el gas. ¡Un peligro! Un encendedor y todos volamos. ¿Acaso no estamos volando? ¿y si no? Si me dices que el olor es frío, que es blanco, que es como una nube... No. Ese el olor de tu cielo, no del mío. Como si hubiera varios cielos en el mismo instante que se conjuga el presente, o sí, tu cielo y el mío solo son los mismos bajo el paraguas-beso. Cae el cielo. Llenaremos de caricias lo que queda de tarde. 


miércoles, 19 de abril de 2017

Convocatoria de aniversario

La bitácora es del cuerpo --ayer no más, anoté tus dedos deslizándose por mi espalda. Una espalda común, larga y común... el primer escrito consignado--. Este 2017 cumplimos 10 años de trayectoria, 10 años de avistamientos, de barcos psíquicos, de vals, de poesía. Y aunque falta para el aniversario, quiero prepararlos. Quiero celebrar con quienes han venido aquí regular u ocasionalmente. Celebrar con el cuerpo quiero decir, sonreír con las propias quimeras, con los dulces y atávicos rayos de sol. Invocar nuevas imágenes. Provocar nuevos escritos. Deambular por las sombras de una soledad satisfecha. Quiero convidar a los integrantes de El Aprendiz de Brujo a celebrar conmigo con sus bellos escritos.  También a escritores y fotógrafos que me han ayudado a enriquecer el sitio. Y por supuesto, a los lectores. Todos son bienvenidos para participar. El tema es la ciudad con todo lo que de ella se desprende. El aniversario es en junio así que desde ya pueden ir preparando sus propuestas. Despejaré dudas en el camino. Espero se animen a acompañarme.



domingo, 16 de abril de 2017

Tormenta célebre

Cedo dos días de mi tiempo, aguardo por diez minutos del tuyo. Caigo en la nota de una canción vieja, vigente. Anhelo ser tu mujer, serlo otra vez. Permitir que el cuerpo sea caricia. Fumarme el ocaso gris. Visitar el museo de nuestra memoria. Eludir las mañanas sin besos y las estrofas sin zigzagueo. Inventar el amor como a una excusa. Rayar el cuaderno con ideas maltrechas con afán de perfección. Bucear en fotografías los pasajes que nos contienen a ambos. Burlarme de aquel tono de cabello. Ver cuánto ha pasado contigo, cuan lejos estoy de mí sin ti, cuántos aniversarios, cuántos cumpleaños, cuántas velas, cuántos soplos, cuántas luces... Y es que no puedo seguir así. Necesito tu silueta en las sombra de mi pared. Necesito dibujar un conejo en la tuya. Ya me desnudo de palabras, ya habito el jardín con sus begonias. Lejos la noche murmura un encuentro casero. Saben las nubes de ti. Saben los lirios también. Y Fabrizio Paterlini al piano es un cómplice tácito. Aunque soy infiel es con Bach y su grave violonchelo. Una siesta a las seis promete tirarse la noche de sueño. ¿Pero, quién quiere dormir sino en tu cuerpo? Amainan las horas tras un habano triste. La vainilla desde tu boca dejó de prometerme cielos descubiertos. Una tormenta se anuncia célebre y yo busco tus manos para confiar en el horizonte. Que venga el vendaval, que castre a los eucaliptos, observaré sin llorar o mejor aún, lloveré... en tu regazo.  

jueves, 6 de abril de 2017

Otro adiós para Mendelssohn

Padece el invierno de tu cariño. Caricias mustias, miradas ajenas, rostro sin luz. Naufragio de palabras, insolación de besos, ardid de memorias. Anhelo campante, arrullo, traición a esquivez. Porta tu adiós como un suspiro largo y y contenido. Y prefiere imaginarte en las noches con lluvia bajo lanas espesas, con una taza de chocolate caliente entre manos, y con la lucidez detrás de un renglón de Saramago.  Prefiere cultivarte así... bajo el hechizo de Mendelssohn, sobre la orilla de un río. ¿Cuál río? Nuestro Aqueronte. Su cariño vaga entre el silencio y la llamada. No tiene una excusa, quedaron de no verse. Es abstinencia lo que siente. Jamás ha bebido sola y mira con curiosidad la botella de vino que quedó empezada la otra noche. Quiere perder el sentido para no reconocer que su alegría se fue contigo. Un momento. Bebe a pico de botella y se repite eso, de que la alegría se fue contigo. Se habrá ido Mendelssohn, pero le quedó el resto. Enciende el equipo en Mozart y manda al diablo las cobijas.