sábado, 11 de febrero de 2017

París

Un nocturno. Cuatro dosis de confianza. Alegría sin ti. De ninguna otra forma te habría gustado verme. Chopin. La adorable redundancia en mi música clásica. El callejón perfecto, la salida más dulce. Aquella esquina en París frente al Ritz. Las notas perforando mi sien. Tu tácita compañía. Mi conversación al morir la tarde. Un vino. Los pasos sobre adoquines en rombo. La Torre. Hinchas borrachos. Antonio y la pata de pato. La pata de pato, exquisito plato. Los columpios mecánicos. La librería en francés, mi analfabetismo. Las portadas de los libros de fotografía, el blanco y negro supremo. El olor del papel. El Louvre desierto... distracción, el Louvre atestado, el mundo queriendo fotografiarse con Leonardo. La Victoria de Samotracia, aquellas alas enormes, aquel lino en mármol. Versalles sin el salón de los espejos, inconcebible. La Bastilla. Los inválidos. El arco sin triunfo, la rotonda en movimiento. Los Campos Elíseos. Lo que evoca un nocturno. 

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