lunes, 6 de febrero de 2017

En espera del alba

Desperté a las tres sin una pizca de sueño. Fui a la cocina por chocolate con leche y me senté a esperar que el sueño regresara. No fue así. Di vueltas en la cama. Me asusta el insomnio pero lo tomé por los cachos y vine a hacer algo productivo con él. Es adorable el silencio de las cuatro. A ratos se escucha un carro o una moto pero a lo lejos. A lo lejos alguien llama. No tardan en llegar con el periódico y la leche. Ya hay luces encendidas en apartamentos vecinos. Gente que madruga para hacer rendir el día. El silencio me sobrecoge. El silencio me abruma. Dos autos en la carretera pasan veloces sin saber que los escucho. El freno de una volqueta se siente potente. Tengo la ventana abierta y es fresca la madrugada. Me pregunto a qué hora sale el rocío, a qué hora se condensa quiero decir. Y escucho las primeras aves  despertar. El cielo es más oscuro y recuerdo a mi padre cuando decía que cuando la noche se pone más oscura se aproxima el amanecer. Profundo eso. Hay que darle oficio a la noche para que no pese. Bostezar, ver como es factible que regrese el sueño, si regresa. Pensar en todas mis oscuridades reunidas: un aquelarre de incertidumbres y angustias. Un aquelarre con un camión reversando justo en la portería, ¿la leche? 
Esta semana se han entrado dos mariposas a la casa. Una chapola grande y café y una pequeña con adorables puntos naranjas. La última debe seguir aquí. A la primera la saqué aún con el terror que me producen. El impacto de sus alas pesadas y su ligero tropezar. Siempre pienso que son emisarias de algo. Como del insomnio por ejemplo. 
Ya faltan 10 para las 5 y creo que voy a ver el amanecer. El cielo está despejado así que será bello. Si aguanto porque llevo varios bostezos. El frío, se intensificó. Hago un paréntesis y leo a Jose Emilio Pacheco mientras descubro –por redes– que ya se levantó una de mis tías. Pronto la web será un lugar habitado con un día 6. Estoy esperando el amanecer entre píos y un globo que descubro tras mi ventana.  También pronto se levantará mi hijo para asistir al colegio. Se sorprenderá al verme despierta. Ya sonó su alarma. Ya me vio en el estudio, ya se sorprendió. Los pájaros ya se despertaron todos. Aún no aclara el día. Hice trampa, me recosté un segundo. ¡Pero si faltan minutos para el alba! Unos atletas disciplinados salen a hacer ejercicio. Y nada que llega el día. Falta un cuarto para las 6 y no aclara. Estoy ansiosa es evidente. Comenzó a aclarar. Apagaron las luces de afuera. Una nube rosa delata la presencia de luz. Y amaneció...


1 comentario:

Alejandra dijo...

Alba, el mejor momento para la ensoñación: la duermevela que me mantiene unos minutos mas en el otro lado, aún no quiero despertar, me quedo ahí pensando que la poesía si es posible.