lunes, 20 de febrero de 2017

Caracoles libres

¿Qué hará mi ausencia en ti? ¿Mi caminar pausado, mi libre elección de un vals, la boca entreabierta y los omoplatos expuestos? ¿Qué hará la curva de mi hombro sin tu dedo dibujándola? ¿Qué hará tu tacto? Me verás al atardecer o será la madrugada, testigo de mi silencio en ti. Cómo sospechar tu rutina sin mí. Si es que existe un sin mí. Podrías adolecer de un conmigo. Así estaría en el arte que anhelas, en los atardeceres grises, en el perfume de mi voz. Me escucharías llamándote o no escucharías nada. El revés de un verso sería mi cómplice y tu mirada dulce, el censo de un paisaje que compartimos. Pero tú sin mí... sin más palabras atravesando tu dermis, sin mis ojos arrugando el espacio, sin el lecho esparcido y distante, sin la costa, sin los caracoles, sin el coco. Libre. Libre por fin. Ajeno al deseo y a la gloria. Cantante. Evocador. Caminante de olas y penurias. Sin mí. Sin mi risa acosándote. Sin mis manos entrelazadas a las tuyas. Sin mis ojos como ruta. ¿Doleré? ¿Añorarás? ¿Qué fragmentos de mi piel te habrás llevado sin que lo notara? El seno desnudo. El bostezo de mi ombligo, la carrera de mis piernas. Existe un sin mí que está tan lleno de contigos.  Estás en mi atardecer, en la aurora, en mi caminar, en la premeditada elección de un vals, en los omoplatos cubiertos, en el derecho de un verso. Dueles... y añoro. Mi libertad sin ti, no es la gran cosa, me sentía más libre a tu lado. Ahora vago entre recuerdos de la costa y el muelle. Estoy sin ti, contigo. 

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