viernes, 6 de enero de 2017

Sal si puedes

Un violín es un gato encordado. Una botella, la cicatriz del murano. Un cenicero, un abrevadero. Un cigarrillo, la excusa para volver a ti. Se me volvió vicio tu aroma. Se me volvió apego tu cuerpo. Ya tus manos no capturan mi rostro ni tus ojos pescan en mi mirada. El eco de tu voz aún se tropieza con mis cosas y confundo tus calcetines con mis medias docenas de veces. Amparo el vértigo triste de una botella de ron vecina de un vodka olvidado. Lucho Bermudez es la fiesta que te convoca, san, san, San Fernando... busco un canto original y la playlist me arroja en Guararé. Es fiesta, estamos en enero. Casi siento la sal, casi discuto con la brisa, casi me mojo los pies. La bahía no es igual sin nosotros. Sin la cantaleta dulce por el último tropezón. Sin el níspero y el zapote en leche al desayuno. Sin la arepa de huevo, el bollo de yuca, la butifarra. Sin los binoculares expiando el camarote en rojo del último crucero. Sin la grúa pórtico balanceando el contenedor azul. Sin los pescadores descalzos ofrecer la mojarra y mis ojos ansiosos por conseguir una atarraya. Con un pasado así: sal si puedes. Ya, ya te veo. Ya sé dónde vives. En esa tierra de amor hiciste un voto y alegría soñaste sin fin. Ya, ya te siento. Tu voz en mí rebosa. No salgo, no puedo.  

1 comentario:

Alejandra dijo...

O símiles o metáforas? En todo caso emociones en palabras, sentires en la voz que expresas; poesía para el sediento.