martes, 3 de enero de 2017

Gitana de río

Ocaso triste. Sublime derrota de insomnios y sudores. Cascada de besos por venir. Llanto perverso, lectura incompleta, café amargo y ausencia de horas, conflagración de segundos, tiempo aglutinado y obsoleto. Gitana en el Río que no vio luces. Gitana al norte junto a un rebaño de ovejas iluminadas. Gitana y tu mano esquiva. Gitana sin porvenir. Luna en Venus. Mercurio retrógrado. Enero. Tierra opacando su fuego. Navegación fluvial en aguas teñidas, navegación sin barca a la orilla de El Caribe. Garzas, peces, algas. Gitana sin cofradía. Contradicción pura. Tres, día. Año: Uno. ¿Qué puede predecir la gitana vacía? La rueda gira una vez más para enseñarnos a sujetarnos. Nadie quiere caer. Pocos quieren morir. ¿Se aprende a vivir? La gitana camina con su falda de flores y sus sandalias de trenza mirando los iris que se atreven a dejarse observar. El mundo es caótico, las guerras son fachadas de poder. Los territorios... no nos pertenecen. Que si un nuevo empleo, que si regresa aquel amor, que el número del chance. ¿Quién abraza a la gitana cuando cae la noche? ¿Quién no teme amarla? Si estar a su lado puede hacerte sentir como agua salada. Cuando no, amable cabañuela de tesoros por venir. Abundancia en miradas. Colapso de besos. También ingenua piel, coleta dorada. La gitana con nostalgia de río caminó hacia el norte una noche más. Con la certeza de ti, muy al sur.  

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