miércoles, 11 de enero de 2017

Exceso de coco

Carezco de tu sonrisa. Adolezco de tu ausencia. Soy punto cardinal al sur. Tú estás al norte de mis batallas. Un capricho es una canción que se lleva bien con la guitarra y también es el nombre de un helado con finura de galletas trituradas. La noche, es un evangelio según mis búsquedas. Hay flores en la pared y mujeres en la ventana. Espectros testigos y ruiseñores... conjugaciones, submarinos, bardos y abismos. Arena plateada de Castillogrande. Cocodrilo de mar. Iguanas salteadas. Cocos en las nubes, cocos en aceite, aderezos de coco, limonadas blancas. Ansío el mar que no tengo. El mar que no he visto. La ola que irrumpe, el crucero que llega. Anhelo la batea de frutas, el raspado con cola, el mango ácido y la cerveza roja. Me urge el Caribe. Me llaman sus aguas. Extraño sus vientos, sus brisas, sus coletazos de huracán hembra. Me urge muralla. Tímido beso de cachaca enamorada. Acento sin ese, caribe en las lenguas, caribe en las hojas. Buganvilia rosada trepando por los balcones. Buganvilia morada en los patios como bosques. Ansíame Caribe, llévame a ti, condúceme por el malecón de su mano. O déjame perdida en esta urbe sin playas. Pero no digas luego que no te advertí que mi cordura necesita de la sal en el cuerpo, del exceso de coco, del portal de los dulces y la esquina aquella en Santo Toribio donde descansar el paso.  

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