martes, 17 de enero de 2017

El censo




Hace frío. Llueve también. Ojeo poemas de Sylvia Plath. Escucho algo de Wolf Larsen. Bebo café, el último café del día. Pienso en llamarte. ¿Qué te diría? Se asoman mis ganas de poblarte a besos. Se asoman apenas. Las contengo. No las dejo salir. Porque para poblarte a besos tendría que responder a tu precio justo de alquiler y solo tengo lo que llevo conmigo. Dos billetes arrugados en el bolsillo con una moneda de mil. Eso sí, estoy habitada. Puedo canjear uno de mis habitantes por dos fragmentos de tu sonrisa. Puedo decirle a otro que el abrazo es dulce y que no estamos en dieta. Puedo invocar tus habitantes. Decirle al señor de Gris que me gusta su bufanda. Hablar con el de Blanco y pedirle un consejo. Intentar calmar al Rojo que se golpeó con la mesita de la sala. Hacer que sople el aire el Azul y que comparta su intelecto el Amarillo. Puedo hasta intentar convecerte de poblar las esquinas de tus cosas. El libro en la cómoda, el cuadro en la pared, el pocillo cuadrado. Puedo intentar ir también a tus raíces. Buscar un sabor de la comida de tu tierra. Preparar un bocadillo. Decirte cómo adoro una aceituna o un champiñón, confesarte que aprendí a comerlos adulta y que ahora me provoca es un Gin&Tonic. Un Gin... y tú. No ha servido para nada este ejercicio. Dejé salir las ganas y ahora tengo que censarlas.      

No hay comentarios: