martes, 10 de enero de 2017

De esos primeros novios

Cuando supe que vendrías armé un alborozo, me asomé a la ventana a imaginar como lucirías. Te adjudiqué un jean y varios colores de camiseta. El tono que se quedó conmigo fue el gris. Silbabas. Saludabas a los niños con entusiasmo y hasta te agachaste a acariciar un perro de la cuadra. Estaba tan absorta mirándote que no acaté esconderme tras la cortina. Me viste esperándote. Recién había comprado unas brevas y arequipe y estaba contenta por tener algo dulce que ofrecerte. Lucía el encaje blanco, tu favorito, con mis hombros al descubierto y mi piel clamando por tu caricia. Papá refunfuñaba con el periódico, por el periódico, por ti en el ascensor próximo a hacerme la visita. Mamá, tejía. Un tapete horrible que no le hacia juego a la sala pero que se había empeñado en terminar a toda costa. Confucio, el gato, estaba echado cerca del juego de ajedrez, en la mesa de la sala. Mi hermana, no salía de su chat con el novio gringo que conoció en San Andrés. Y tú, tan criollo, tan hecho a mi medida, melómano, amiguero, aguardientero. Tú en el ascensor, tú en el timbre. Mis pasos delatando la ansiedad de un abrazo. Tú invitándome a la calle. Papá resoplando, Mamá recordándole: Mijo, ya se le olvidó, a esa edad nos conocimos. Éramos distintos... Adiós. Tu mano, tiene forma la alegría. El parque... el beso bajo un árbol de mangos. Huele a frutas el deseo. Tu voz, tu conversa, tus historias del cole, tu decisión de ser médico cuando fueras grande, mi completa ausencia de orientación profesional. Oculista quizás, porque no me cansaba de mirar tus ojos, de preguntarles por Neruda, de discutir que podría quitarte el pan pero no mi risa. ¿Cuántas noches nos vieron acariciar la dicha? Nos hicimos mayores. Tú, a la medicina. Yo, a la agropecuaria. Y cualquier noche, se acabaron las visitas. Otros cuerpos tu consuelo, el campo mi dicha. Y no te volví a ver hasta hoy que abres la cortina y sin mirarme me dices Tenía una amiga con su mismo nombre. 

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Abríamos la cajas de chocolate y aparecía una orquídea. Y todo estaba en el corazón. Bello poema.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Definitivamente, estás de vuelta.