lunes, 23 de enero de 2017

Ciénaga


El almíbar de mi devoción proviene de tu boca. El saladito de la lágrima, de tu pérdida. Desde que no visitas mis costas me siento en el muelle de San Blas. Mi cordura se alista para pasar examen y el insomnio delata mi ansiedad. Una hamaca triste mece mis horas. Entre Carranza y Jaramillo, intento leer el amor en el amor que ha sido dicho y es la cotidianidad una hoz de la pasión, un alegato de rutina. No tenemos eso, no. No discutimos por los servicios. Hablamos a calzón quitado de mi locura y le tomamos la temperatura a un gesto. Despierto en las mañanas buscando tus ojos esculcarme. Y la cama vacía es una cama sucia, es una cama perversa. No me provoca tenderla ni cambiar los cojines, ni sacudir la tierra que los perros entran a la casa. El saladito se ha hecho ciénaga y manglar. Tu guitarra me ha sorprendido tocándola a golpes. Tus habanos, con ganas de fumar. No estás en el amor que otros mencionaron, no te pareces a esta soledad. Un muro blanco tejí entre sueños con un papelito arrugado con tu nombre escrito. Y tienes que perdonarme pero era necesario. Tenía que construir una barrera entre tu y yo, porque me esculcaste mucho, tanto... que no supe donde más esconderme ni a quien más inventar. Llegaste a mi raíz. Descubriste mis pasiones musicales, mis personajes favoritos, mi intimidad sin ti y no tuve más remedio. Ahora el muro se yergue al sol y hay pimienta en mis manos. Preparé tu platillo favorito por si acaso. 

3 comentarios:

Alejandra dijo...

Intrusa, me vuelco una vez a tus poemas en el primer día del año del gallo chino.

Alejandra dijo...

Intrusa, me vuelco una vez a tus poemas en el primer día del año del gallo chino.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

¿Es año Gallo? Yo soy serpiente, eso leí alguna vez.