sábado, 28 de enero de 2017

Canción muda


Me quema el tiempo en que no estás. La burbuja amarilla en las pompas de jabón. El salado roce de un ejercicio incompleto. La música de Dustin O`Halloran. El labial sin besos. Los dedos sin anillos. Las esferas del cielo. Una nube unicornio y un cardumen de palomas en pleno vuelo. Me duele el silencio tras el verso. Mi callada inquietud frente a un manifiesto. La alcachofa de Mercedes Carranza que solo he probado como adorno en pizzas en restaurantes con manteles de cuadros rojos. Me arde el silencio. El esperarte en Ayurá, la estación del Metro y ver bajar docenas de hombres que ni se te parecen. Encontrarte al fin entre el tumulto. Distinguirte por esa gorra plateada y esos jeans con ratoncillos dentro. El chicle de hace dos estaciones. La agenda de este año en una del año pasado. Los libros en la mochila. Tú última argumentación de lo ilógica que te resulta la clase de química. Mi cambio de emisora hacia la electrónica. Tu afán de ir a la Jaula a enfrentarte con tus amigos en fútbol. ¿Te quedarás? Aún no lo decido. Mamá... aún elijo verte chico. Hace dos años cantábamos la canción de la mamá y el niño. Ya no. A ningún hombre le gusta ser el niño de mamá. Y como tengo que hacer ese duelo, elijo ponerte al volante y ser yo quien mire por la ventana del auto.       

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