lunes, 5 de diciembre de 2016

Me atrevo a equivocarme

Kovacs o Pink... duermo una canción mientras te espero. He dicho cosas terribles, irreparables, irreversibles. Te he declarado la guerra en una estrofa cuando no puedo convivir sin ti con lo que de mí queda. No puedo mirarme al espejo sin culpa, no puedo cantar sin vergüenza. Pero me atrevo a equivocarme. Me atrevo a la ingenuidad. También a la osadía, al reparo, a la búsqueda, a la pérdida. Me atrevo a la indiferencia aunque no la sienta. Esa es mi arma de defensa. Sentir que no siento nada. Como si fuera fácil evadir tus ojos, como si pudiera programar mis sueños. Mi inconsciente se disfraza de ti y termino confesándole todo. Diciéndole por ejemplo que la tarde que te conocí había leído a Maria Teresa Ramírez y que fui yo quien deseó un exilio. Un exilio de lo que tú serías porque te llevo incrustado en las esquinas de mi cuerpo: en mis rodillas y mis codos, en la punta de mi nariz. ¿Y de qué sirve equivocarse así? De qué otra forma podría amar tus maneras, sospechar tu amistad con Poe, seguir de cerca a Galeano, leer a Thoreau. Ya va un lustro contigo y sin ti, más contigo... Y hoy releo a Bonnett y Conjugaciones sigue siendo de lejos mi favorito. ''Lo que no sé de ti, lo que nunca supe..." Y qué podrás saber en mi afanada búsqueda, en el libro sin final que somos, en el libreto que nunca aprendí. Ya ves, el punto de no retorno caducó. En una canción, te espero. 

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