martes, 20 de diciembre de 2016

Inventario


Por los muros que me han visto susurrar tu nombre. Por los rayos de sol que me alimentan. Por todos los dioses y todas las flores. Por las hadas y los duendes. Por la fantasía y la travesura. Por las migas de galleta y el clavo en el mazapán. Por los amigos y los lectores, por los lectores amigos y los amigos lectores. Por una baraja de Waite y el universo contenido en ella. Por las moras y los dulces y la leche y los amaneceres con frío y el rocío... Por la búsqueda del arte que no cesa. Por la fealdad, por su belleza. Por las almas en apuros, por las almas discretas. Por los sueños con laurel o sin él, por las panteras mansas que me permiten caminar a su lado. Por las fuentes y los cerrojos. Por las puertas y los puentes. Por las lecturas de poemas, por Cohen. Por el palo de rosa y la melancolía de agosto. Por tus lentes. Por un editor amigo. Por los barcos, los umbrales, el delirio. Por tu risa. Por los melocotones en almíbar y la galaxia como vía. Por las tardes hurañas y los desvelos sin magia. Por el sosiego. Por los aprendices. Por las otras lecturas. Por la pintura y la música... Gracias. 

martes, 13 de diciembre de 2016

Taller El Aprendiz de Brujo

Camino descalza en la madrugada. El reloj me engaña. A veces son las tres, a veces faltan diez para las cuatro. Como rosquitas (porque me calman la ansiedad y tienen pocas calorías). Adoro los martes porque tengo Taller. Sesiones que nunca se repiten, colegas que sorprenden, lecturas que enamoran. Personajes fugaces y personajes reincidentes. Historias de sombreros, de mujeres asomadas a la tienda o a la ventana, de verdugos exiliados, de fábricas de narices, de mujeres en el campo y de hombres en un desierto azulado. Lecturas de teatro, de condados, de reinos, de callejones. Discusiones abiertas, imágenes soñadas. Prosa, poesía, ironía, humor. Llego temprano para no perderme nada. Me voy tarde por la misma razón. En Cuatro Vientos comemos salsa con papitas con Betty de fondo y ventilamos de manera informal lo que quedó faltando. Celebramos los cumpleaños y la Navidad, el día de disfraces no porque vivimos disfrazados. No evitamos ningún tema, religión y política nos han visto implicados en acalorados enfrentamientos donde nunca se tiene la última palabra. Somos diez, a veces once, a veces nueve. Cada uno va publicando a su ritmo. Los demás devoramos cada publicación. A veces nos juntamos y producimos obras como Flores en la pared y otros relatos. Vamos a la fiesta del libro y nos apoyamos. Vivimos cautivados con la palabra escrita. Le hacemos el amor a la metáfora. Bebemos muy poco y trabajamos mucho. Llevamos diario. Tachamos todas las palabras terminadas en mente, excepto mente. Y todos los años discutimos si continuamos o no. Esperemos que sí.   

lunes, 5 de diciembre de 2016

Me atrevo a equivocarme

Kovacs o Pink... duermo una canción mientras te espero. He dicho cosas terribles, irreparables, irreversibles. Te he declarado la guerra en una estrofa cuando no puedo convivir sin ti con lo que de mí queda. No puedo mirarme al espejo sin culpa, no puedo cantar sin vergüenza. Pero me atrevo a equivocarme. Me atrevo a la ingenuidad. También a la osadía, al reparo, a la búsqueda, a la pérdida. Me atrevo a la indiferencia aunque no la sienta. Esa es mi arma de defensa. Sentir que no siento nada. Como si fuera fácil evadir tus ojos, como si pudiera programar mis sueños. Mi inconsciente se disfraza de ti y termino confesándole todo. Diciéndole por ejemplo que la tarde que te conocí había leído a Maria Teresa Ramírez y que fui yo quien deseó un exilio. Un exilio de lo que tú serías porque te llevo incrustado en las esquinas de mi cuerpo: en mis rodillas y mis codos, en la punta de mi nariz. ¿Y de qué sirve equivocarse así? De qué otra forma podría amar tus maneras, sospechar tu amistad con Poe, seguir de cerca a Galeano, leer a Thoreau. Ya va un lustro contigo y sin ti, más contigo... Y hoy releo a Bonnett y Conjugaciones sigue siendo de lejos mi favorito. ''Lo que no sé de ti, lo que nunca supe..." Y qué podrás saber en mi afanada búsqueda, en el libro sin final que somos, en el libreto que nunca aprendí. Ya ves, el punto de no retorno caducó. En una canción, te espero. 

Picasso en sala

Tus caricias son como el rocío. No puedo amanecer sin ellas. Despertar es correr el riesgo de seguir soñando, de flotar entre el espacio y tú. Ingrávida y coqueta no soporto perderte entre las seis y el frío, en un amague del tiempo, en una ola vacía. Necesito de tu arte alentando la mía, de tu Picasso en sala escuchando a un español. Del abanico abierto, del azul cobalto, de las moras grises. Otra Navidad llega pretendiendo quedarse y ya la instalé en casa como si fuera una visita. No hay corona, solo un follaje iluminado y ositos agarrados al árbol. Una lista de deseos que empieza con una tarde entre tus brazos. Sin más pesebre que dos figuras de madera y con una nostalgia Piscis que habita la casa. Estoy sin ti. Estoy sin él. ¿Cómo purificar un recuerdo contaminado? ¿Cómo no gastar sus ojos? ¿Cómo no imaginarte en un abrazo? Tchaikovsky me ha dado órdenes sobre la forma de habitar el espacio. He hecho un collage con pétalos de rosa y he ido a hurtadillas a la cocina por algo dulce. He vuelto al Reina Sofía y me he parado frente al Guernica. La guerra es un pretexto para morir jóvenes. Un pretexto para la gloria, un quehacer vacío. Una discordancia discordante. ¿Y cómo llegué a la guerra hablando de ti y tu arte? Tal vez por tus pasajes agrestes, por la ciudad en vela, por aquella lectura del graffiti de Cortázar. Podría pararme entre el cielo y tú sólo para convencerte de que la paz existe. Ser yo, tu paz. Y evitar así el cuerpo a cuerpo. No, mejor te doy guerra, así tenga que amanecer sin tus caricias ingrávida y coqueta. 

domingo, 4 de diciembre de 2016

Liszt en cola

Una copa de vino. Un atardecer con lluvia. Una sonrisa etérea entre un recuerdo para nada vago. Tú, tus guiños, tu voz quitándome la ropa, el espejo con hambre, la silueta de una cama precisa, el vaivén de un acordeón en otra esquina. Los blues marcando un paso. Liszt en cola. Lo mundano y lo profano unidos en ti. Las callejuelas de tu cuerpo invitándome a una caricia. El mar y el olvido hechos olas. El dulce sonar del agua contra las piedras. Las algas en protesta, la sal en mi cubierta. Llego adonde los barqueros se dibujan en amaneceres sin nubes y atarrayas azules. Pesco por ti una emoción nueva. Brindo por tu existencia. Por la callada manera de hacerme tuya en el silencio. Liszt le cedió el paso a Tchaikovsky y ya no quiero hablar de mí. Quiero contar cómo respiras... Tu compás es de 1, 2, 3. Tu húmeda frecuencia me agita. Tus pasos ligeros se aproximan. Te lucen el verde y el azul. Te luce esa sonrisa. ¿A dónde van los problemas de mi mundo cuando llegas? Conduces el exilio de tormentas. Para ti soy menos de cuatro décadas y unos días y también un siglo y unas horas. Para ti, condenso la tristeza y me visto de alegría. Olvido el dolor que encarnan mis huesos y libero mi mente hacia un juego. Tú, tu risa. El ribete de tu anhelo hecho verso. ¿Adónde te llevo amor? De bailar, se nos acabó la pista.