lunes, 14 de noviembre de 2016

Sin cura de ti

Vi tu luz conforme transcurrían las horas. Luz azul, veta clara, moño de noche. Te vi sonreír y el mundo se me vino encima. Di un paseo por jardines en Viena. Tomé una góndola, vi la mueca de un girasol. Ansié la luna más grande y también la quise de monedero en mi pantalón. Tu luz, menguaba tus ausencias. Indefensa, corría por los pasillos del sueño con un listón verde prendido de mi cuello, con cura para todo sin cura de ti. Me sudabas la frente, me ardías el pecho, mordisqueabas mi felicidad. Y vi tu luz más grande y las órbitas de tus ojos más cercanas. Y no pensé en los cíclopes ni en los besos de Cortázar. Pensé en tu beso alojado en mis labios jugando al columpio o a las escondidas. Y mi luz se hizo más intensa, y mi violeta te invitó a una copa. Y no supe decir adiós cuando tu luz se marchaba porque mi llanto era fúnebre. Sin ti, sin cura de ti, cómo seguir. Tal vez comprando libros con lomo azul esperando que el destino y las palabras te trajesen de vuelta. Tal vez plasmando en un lienzo un pedazo de cielo, acariciando el reverso de un pétalo de tulipán o la carátula de un cuaderno nuevo. Y mientras regresas la oscuridad es un flagelo amargo, desamor en ciernes. Ya no puedo arañar tu haz. Tengo apego a tus formas. Quiero vagar por París e ir sentada en el Metro. Quiero un retrato en Montmartre y un macarrón de los que venden en la Torre Eiffel. Quiero viajar mientras tu haz me encuentra, mientras mi luz te busca. 

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