miércoles, 9 de noviembre de 2016

Saquemos el ratico

Abramos dos agujeros en nuestras agendas. Di tú de dos a seis o de seis a seis. Digamos que vamos a desayunar para terminar almorzando y continuar con la cena. Saquemos el ratico para vernos, horas para conversar bajo el sol, sin escondernos. Mira tú que quiero proponerte un trato. Intercambiar libros y poemas, tararear canciones y discutir el último titular de prensa. Mira que me siento perdida en un mundo que no comprendo y necesito que alguien me enseñe con plastilina cómo es la democracia. Vamos, di que sí. Hazle un agujero a tu tiempo para que quepan mis manos. Dime que el terror que siento será pasajero, que sí puedo volver a confiar. Que la incertidumbre de un mundo farandulero es igual a las demás. Intercambiemos mejor poesía. Hay versos que nos hacen sentir seguros. Decir por ejemplo que la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos.  O ebrio de amor y sueño, hundiré mi cabeza en este océano que encierra al verdadero; y, mecido mi espíritu por lejana tristeza, sabrá de nuevo hallaros, oh, fecunda pereza... de ocio imperecedero. Es incertidumbre lo que siento. Temor al devenir si viene por decreto. Horror a la guerra en todas sus manifestaciones. Terror al hambre que sangra los pueblos mientras la avaricia de otros mueve números en la bolsa de valores. ¿Qué dices? ¿Vendrás a explicarme cómo funciona el mundo, por qué no se aprobó la paz, qué sigue en la impunidad? Me dirás tal vez que no soy la única. Que otros temen como yo, por un Apocalipsis venidero. Y meterás tus manos en mi cabello y me dirás shhhh, buscando mi silencio. Y te daré un abrazo, y haré nido en él. Y olvidaré por un segundo lo macro que me agobia para sentir que en lo micro, estoy segura.    

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