martes, 8 de noviembre de 2016

Retrospectiva

Rachmaninov le da un aire lúgubre a mi habitación. O es mi habitación, de sórdido ánimo la que quiere culpar a Rachmaninov. La lluvia y el frío acompasan un piano en revuelo. Y recuerdo cuando tocaba el piano por consuelo. Mis idas a hurtadillas hasta la iglesia del colegio. El destapar el instrumento, mirar que nadie viene, intentar componer una melodía. Hacerme melodía. Interpretar el beso, la espera, las ecuaciones, la lógica. Martín Vigil en Cierto olor a podrido. La guerra, la posguerra. La filosofía griega en la voz de "El Champi" mi profesor. Jairo, el de física enseñándonos el efecto Doppler. El estanque, los peces. Esas carpas naranjas y negras bajo hojas de loto. El taller, el rincón donde el arte era un collage. Las carteleras con frases célebres. El salón de profesores con olor a café. Mis zapatos cocacolos con los cordones sueltos y el trajín del año por terminar. La huerta, la primera vez que vi nacer una zanahoria. Mis primeras depresiones, los primeros insomnios. El beso del novio que siempre sabía a nuevo. Las bombas. Escobar escondido. El mundo buscándolo. Garzón retratando el acontecer nacional. Mis primeras lecturas sin la recomendación de mi padre. La poesía. Los cuadernos de diario. El cabello largo, el francés en las uñas. Los Toreros Muertos y Soda Estéreo, Maná y Yordano. Fizebad, el corcel blanco, la dulzura de Blanquita y el buen humor de Chucho (mis suegros). El accidente de Dani y mis tardes a su lado. Todo eso trae Rachmaninov a mi encuentro. 

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