miércoles, 30 de noviembre de 2016

Chapecoense

Estamos de luto por jugadores, cuerpo técnico, periodistas y tripulación del vuelo que se estrelló en Cerro Gordo en el municipio de la Unión, Antioquia. En una hora el estadio estará repleto en un sentido homenaje a la selección Chapecoense por parte de la ciudad. Las historias alrededor de la tragedia no pueden ser más conmovedoras. Desde el jugador que iba a ser padre hasta el que no viajó porque olvidó su pasaporte. Mis más sentidos respetos a ésta y a las demás selecciones del mundo. Jóvenes que entregan su vida al deporte y hacen parte del entretenimiento de millones de hinchas. No es mi interés reflexionar sobre el fútbol sino sobre la impermanencia de la vida. Nunca estaremos preparados lo suficiente para la muerte. Nunca comprenderemos sus designios, su método de selección, su voz silente, su poder para unir o separar. De Comebol depende hacer entrega de una Copa simbólica y todos estamos a la espera de dicho momento; del himno de la selección derramando lágrimas en un estadio que anhelaba verlos jugar. ¡Qué viva Chapeco! Nuestros corazones no los olvidarán. 


martes, 22 de noviembre de 2016

Los umbrales del delirio


Por fin lo tenemos con nosotros. Desde eLibros llega Los umbrales del delirio. Una colección de los mejores relatos del blog del 2014 y 2015. Gracias a todas las bellas personas que han hecho parte del proceso. A Iván Correa y su equipo editorial. A Aleja con sus comentarios a lo largo de estos años, a los lectores anónimos que no escriben pero continúan viniendo. A mi esposo y a los muzos que inspiraron la obra.
Es muy gratificante poder entregar un libro desde las entrañas mismas.
Espero lo disfruten.

Lo encuentran en digital en Amazon e iTunes y en el siguiente link de la editorial:

lunes, 14 de noviembre de 2016

Sin cura de ti

Vi tu luz conforme transcurrían las horas. Luz azul, veta clara, moño de noche. Te vi sonreír y el mundo se me vino encima. Di un paseo por jardines en Viena. Tomé una góndola, vi la mueca de un girasol. Ansié la luna más grande y también la quise de monedero en mi pantalón. Tu luz, menguaba tus ausencias. Indefensa, corría por los pasillos del sueño con un listón verde prendido de mi cuello, con cura para todo sin cura de ti. Me sudabas la frente, me ardías el pecho, mordisqueabas mi felicidad. Y vi tu luz más grande y las órbitas de tus ojos más cercanas. Y no pensé en los cíclopes ni en los besos de Cortázar. Pensé en tu beso alojado en mis labios jugando al columpio o a las escondidas. Y mi luz se hizo más intensa, y mi violeta te invitó a una copa. Y no supe decir adiós cuando tu luz se marchaba porque mi llanto era fúnebre. Sin ti, sin cura de ti, cómo seguir. Tal vez comprando libros con lomo azul esperando que el destino y las palabras te trajesen de vuelta. Tal vez plasmando en un lienzo un pedazo de cielo, acariciando el reverso de un pétalo de tulipán o la carátula de un cuaderno nuevo. Y mientras regresas la oscuridad es un flagelo amargo, desamor en ciernes. Ya no puedo arañar tu haz. Tengo apego a tus formas. Quiero vagar por París e ir sentada en el Metro. Quiero un retrato en Montmartre y un macarrón de los que venden en la Torre Eiffel. Quiero viajar mientras tu haz me encuentra, mientras mi luz te busca. 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Saquemos el ratico

Abramos dos agujeros en nuestras agendas. Di tú de dos a seis o de seis a seis. Digamos que vamos a desayunar para terminar almorzando y continuar con la cena. Saquemos el ratico para vernos, horas para conversar bajo el sol, sin escondernos. Mira tú que quiero proponerte un trato. Intercambiar libros y poemas, tararear canciones y discutir el último titular de prensa. Mira que me siento perdida en un mundo que no comprendo y necesito que alguien me enseñe con plastilina cómo es la democracia. Vamos, di que sí. Hazle un agujero a tu tiempo para que quepan mis manos. Dime que el terror que siento será pasajero, que sí puedo volver a confiar. Que la incertidumbre de un mundo farandulero es igual a las demás. Intercambiemos mejor poesía. Hay versos que nos hacen sentir seguros. Decir por ejemplo que la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos.  O ebrio de amor y sueño, hundiré mi cabeza en este océano que encierra al verdadero; y, mecido mi espíritu por lejana tristeza, sabrá de nuevo hallaros, oh, fecunda pereza... de ocio imperecedero. Es incertidumbre lo que siento. Temor al devenir si viene por decreto. Horror a la guerra en todas sus manifestaciones. Terror al hambre que sangra los pueblos mientras la avaricia de otros mueve números en la bolsa de valores. ¿Qué dices? ¿Vendrás a explicarme cómo funciona el mundo, por qué no se aprobó la paz, qué sigue en la impunidad? Me dirás tal vez que no soy la única. Que otros temen como yo, por un Apocalipsis venidero. Y meterás tus manos en mi cabello y me dirás shhhh, buscando mi silencio. Y te daré un abrazo, y haré nido en él. Y olvidaré por un segundo lo macro que me agobia para sentir que en lo micro, estoy segura.    

martes, 8 de noviembre de 2016

Retrospectiva

Rachmaninov le da un aire lúgubre a mi habitación. O es mi habitación, de sórdido ánimo la que quiere culpar a Rachmaninov. La lluvia y el frío acompasan un piano en revuelo. Y recuerdo cuando tocaba el piano por consuelo. Mis idas a hurtadillas hasta la iglesia del colegio. El destapar el instrumento, mirar que nadie viene, intentar componer una melodía. Hacerme melodía. Interpretar el beso, la espera, las ecuaciones, la lógica. Martín Vigil en Cierto olor a podrido. La guerra, la posguerra. La filosofía griega en la voz de "El Champi" mi profesor. Jairo, el de física enseñándonos el efecto Doppler. El estanque, los peces. Esas carpas naranjas y negras bajo hojas de loto. El taller, el rincón donde el arte era un collage. Las carteleras con frases célebres. El salón de profesores con olor a café. Mis zapatos cocacolos con los cordones sueltos y el trajín del año por terminar. La huerta, la primera vez que vi nacer una zanahoria. Mis primeras depresiones, los primeros insomnios. El beso del novio que siempre sabía a nuevo. Las bombas. Escobar escondido. El mundo buscándolo. Garzón retratando el acontecer nacional. Mis primeras lecturas sin la recomendación de mi padre. La poesía. Los cuadernos de diario. El cabello largo, el francés en las uñas. Los Toreros Muertos y Soda Estéreo, Maná y Yordano. Fizebad, el corcel blanco, la dulzura de Blanquita y el buen humor de Chucho (mis suegros). El accidente de Dani y mis tardes a su lado. Todo eso trae Rachmaninov a mi encuentro. 

lunes, 7 de noviembre de 2016

Un poco de mí

Masco hielo. Tengo ese vicio, esa insana costumbre. Busco las puntas abiertas en mi cabello y no me motilo más de dos dedos. Me rasco los ojos cuando tengo sueño y me hago la olvidadiza a la hora de desmaquillarme. No me gustan las hormigas y le tengo fobia a las mariposas negras. Soy terca en la cocina y frente a una hoja en blanco. Entre asar y el horno, prefiero asar. El queso asado es una delicia. Entre vainilla y chocolate, elijo la vainilla. Mi color favorito es el violeta. Y de pensar en una piedra, me llega el ámbar (¿...?). Leo un poco de todo, novela, ensayo, filosofía, teatro, poesía. Releo con mucha exigencia. Soy fan de los autores colombianos vivos y hay varios que me deslumbran. Me gusta lo que ocurre con la literatura contemporánea, la pluralidad de temas y miradas. La crispetera de pequeñas editoriales trabajando con gusto. Los libros hechos a mano y aquellos ilustrados con globos u ojos. Me fascina el olor del papel y la textura de una hoja en alto gramaje. Como todos, tengo mis cariños literarios, personajes imborrables que me habitan, presencias que me han ayudado a resistir. Me declaro deleuziana en el acontecimiento y aprendiz de la virtualidad del texto y del cuerpo. Me atrae el mundo antiguo y cada vez me cuesta más imaginar la supervivencia de lo moderno. Le tengo pánico al clima por el terrible efecto en mis pulmones. Y adoro la música para escribir. Chopin es el favorito de cruzadas. En las manos de Martha Argerich es todo un cómplice. Y así regreso... una noche de noviembre festivo. 

viernes, 4 de noviembre de 2016

Semanas de silencio

He iniciado muchas hojas en blanco. No he terminado ninguna. La razón: estoy con la expectativa de un nuevo libro y eso se nota. Le he dedicado días. Pronto lo tendrán muy cerca porque es en digital y corresponde a un compendio con lo mejor del blog de los años 2014 y 2015. 
Hasta entonces, ténganme un poquito de paciencia. 
Gracias,
Claus