jueves, 13 de octubre de 2016

Recordando a papá

Solías mantener las piernas cruzadas. El cigarrillo en la mano derecha y el cenicero limpio, muy cerca. Escuchabas boleros y baladas. Pedías mi compañía a la hora gris y te parecía que el tiempo entonces, corría muy lento. Tomabas ron o cervecita y mantenías un lápiz espigado en la mesa de la sala, junto al periódico. Leías de pe a pa la revista Semana y mantenías cerca algún libro de Galeano. Escribías sobre el periódico, teléfonos y recordatorios. Tomabas tinto en ayunas y jugabas golf los sábados. No te gustaba conducir y a ratos preferías trabajar desde la casa. Veías sin falta el noticiero de las siete y esperabas ansioso el partido del Santafecito. Sabías todo de mí. Creías más en mí que yo misma. Eras un realista-optimista. Te gustaba decorar y de tiempo en tiempo hacías cambios en la casa. Te gustaba la pintura y tenías ojo para el arte. Patrocinabas jardines y programas en Televida. El corazón, era lo tuyo. Sabías en detalle las especificaciones de cada marcapasos y cada válvula. Hacías milagros por otros. Sabías trabajar en equipo y liderabas con estilo. Tu camiseta era la vida. Tu búsqueda, la paz interior. Eran largos tus silencios y tus visitas al balcón desde donde veías como alguna ardilla quería hacerse a un aguacate... Te gustaban los animales, en especial los perros. Tenías problemas para dormir y afán en despertar. Odiabas los puentes porque no podías ir a trabajar y tu agenda siempre era azul. Abominabas la mentira y te dolía en las entrañas descubrirla. Tu comida favorita era el mondongo. Tus zapatos, color uva. Tu champú era el Johnson´s, tu loción la Farina. No te gustaba el negro y lo mantenías lejos de tu ropero y del mío. Tus manos eran impecables y nunca caminabas descalzo. Te bombeabas dos veces al día y así el asma estaba a raya. Sin embargo mantenías chalequitos para las noches frías, y me regañabas si me veías desabrigada. Aún me sé tu número de celular y el corazón me grita cuando paso cerca a la que era tu casa. Todavía voy a ti en esa hora que era gris y que ahora es mi rato más prolífico. Invoco tu nombre en cada detalle de entonces y pienso que la muerte no existe para ti. Solía mostrarte mis textos vírgenes y ah falta la que me hacen tus ojos. 
   

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