domingo, 2 de octubre de 2016

Imperativo amar

Es imperativo amar. Desde las entrañas, en el esternón, con toda la materia gris y la corteza de la blanca. Es imperativo amar cuando amainan las fuerzas, cuando baja el telón, cuando llora la canción. Imperativo amar en la diferencia, en el silencio vago, en la confrontación. Imperativo mirar con los ojos del otro, desnudarse del miedo, despojarse de cualquier expectativa. Aceptar la derrota en las urnas, no en los ideales; y entender un empate en las opiniones. De qué otra manera sobrevivir al cambio. Hay que amar. Despertarse cada mañana con ímpetu nuevo. Asomarse al espejo y entender que el cambio sucede conmigo o sin mí. Optar por dar lo mejor. Entregarse en todas las playas. Desde el escritorio de un Call center hasta la obra negra de un edificio. Hay que entregarse. Escribir la historia no es tarea sencilla. Muchas manos se aúnan. La primera no siempre es la vencida. Y es que es imperativo amar cuando duele, cuando la memoria no deja perdonar, cuando cuesta creer en un mejor futuro. Hay presente, mucho presente para abonar. Dicen que las grandes generaciones son las que siembran árboles cuya sombra jamás recibirán. También es imperativo sembrar. Eso es quizás lo que estamos haciendo.         

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