jueves, 20 de octubre de 2016

Plegaria

Hazme reír. Mira que todo ahora es lúgubre. Todo mi cuerpo, su escaso esplendor, sus formas mal hechas, sus cicatrices expuestas. Hazme reír, dime que ya se fue el día, que ya no me acosa, que dejó de preguntar por mí. Vamos, saca del bolsillo uno de esos chistes jóvenes e ingenuos, cuéntame una aventura fantástica, léeme en voz alta, invítame a un parqués y déjame llegar al cielo. Camufla mi dolor en una caricia. Trátame con cariño vos que estoy muriendo. Obsérvame pintar un paisaje viejo. Ponme una cita. Hazme hablar. Mejor bailar. Exorcizar con danza una tristeza antigua. Y ni hablar de ella, de la tristeza, no darle el lujo de la palabra. Renegarla al silencio. Dale, hazme reír. Si es necesario acudí a cosquillas. Dibuja en mi rostro una sonrisa. Veinticuatro horas sin ella son insufribles. Con tus ojos y tu voz me basta el mundo. Ya no muero. Me da pena que me veas morir por poco. Porque no soy lo que quería. Porque no logré lo que esperaba. Y gracias por vos. Por existir. Por soportar mi lúgubre. Por confiar en mi alegría. 

jueves, 13 de octubre de 2016

Recordando a papá

Solías mantener las piernas cruzadas. El cigarrillo en la mano derecha y el cenicero limpio, muy cerca. Escuchabas boleros y baladas. Pedías mi compañía a la hora gris y te parecía que el tiempo entonces, corría muy lento. Tomabas ron o cervecita y mantenías un lápiz espigado en la mesa de la sala, junto al periódico. Leías de pe a pa la revista Semana y mantenías cerca algún libro de Galeano. Escribías sobre el periódico, teléfonos y recordatorios. Tomabas tinto en ayunas y jugabas golf los sábados. No te gustaba conducir y a ratos preferías trabajar desde la casa. Veías sin falta el noticiero de las siete y esperabas ansioso el partido del Santafecito. Sabías todo de mí. Creías más en mí que yo misma. Eras un realista-optimista. Te gustaba decorar y de tiempo en tiempo hacías cambios en la casa. Te gustaba la pintura y tenías ojo para el arte. Patrocinabas jardines y programas en Televida. El corazón, era lo tuyo. Sabías en detalle las especificaciones de cada marcapasos y cada válvula. Hacías milagros por otros. Sabías trabajar en equipo y liderabas con estilo. Tu camiseta era la vida. Tu búsqueda, la paz interior. Eran largos tus silencios y tus visitas al balcón desde donde veías como alguna ardilla quería hacerse a un aguacate... Te gustaban los animales, en especial los perros. Tenías problemas para dormir y afán en despertar. Odiabas los puentes porque no podías ir a trabajar y tu agenda siempre era azul. Abominabas la mentira y te dolía en las entrañas descubrirla. Tu comida favorita era el mondongo. Tus zapatos, color uva. Tu champú era el Johnson´s, tu loción la Farina. No te gustaba el negro y lo mantenías lejos de tu ropero y del mío. Tus manos eran impecables y nunca caminabas descalzo. Te bombeabas dos veces al día y así el asma estaba a raya. Sin embargo mantenías chalequitos para las noches frías, y me regañabas si me veías desabrigada. Aún me sé tu número de celular y el corazón me grita cuando paso cerca a la que era tu casa. Todavía voy a ti en esa hora que era gris y que ahora es mi rato más prolífico. Invoco tu nombre en cada detalle de entonces y pienso que la muerte no existe para ti. Solía mostrarte mis textos vírgenes y ah falta la que me hacen tus ojos. 
   

martes, 11 de octubre de 2016

Sosiego de ti

Calma que amansa. Sosiego de ti. Palabras sabias. Silencio que no tortura, distancia que no acorrala. Sosiego de ti. Atardeceres plateados, noches sin armas. Tranquila búsqueda de paisajes con agua. Ríos, lagos, cataratas y mares en ausencia de ti, contigo. Punta para los lápices, color para Mandalas. Sosiego de ti, luz que me acompaña. Sombra guía. Oscuridad llana. Ausencia tuya que amaina. Tu voz llega, abraza. Y soy otra entre tu voz y tú. Otra con tu silencio hablándome. Otra con mi silencio sosegado inventando bienvenidas para tus manos. ¿Me has escuchado? Mi silencio tampoco tortura, mi distancia no arde, no acorrala. Amaneceres veteados me muestran el camino de tus sueños. Soy aurora. El sosiego de mí te viste de ternura. El páramo y la tarde nos descubren. Frío aliento que se confunde con una vegetación enana. Sosiegos múltiples de amores calmados. Sosiegos múltiples de distancias que alimentan y silencios que conversan. Sosiegos... a esto ha llegado el amor cuando es pausado. 

lunes, 10 de octubre de 2016

Me has visto llover

¿Cuántas veces me has visto llover? Precipitaciones de noches y días por venir. Amarguras de tiempo y ciudad. Soledades de otoño y caminos sin certezas. ¿Cuántas veces me has visto llover? Meses de asfixia, meses de llanto. Sepultada bajo la hojarasca de mis miedos. Paralizada por la voz de uno de mis muertos. Me has visto llover. He escamado frente a tus ojos. He muerto una y otra vez. He aniquilado el perverso filo de la penumbra. He sido yo en mi melancolía. He sido yo en mi ausencia de ti. Y mis manos locas te han buscado en las sombras. Y mis labios entreabiertos han dicho tu nombre como un conjuro. Y has alejado a mis muertos. Y me has devuelto el asombro. Y no ha habido tiempo sin tu tiempo ni letras sin tus voces. Me has visto llover y has corrido en mi auxilio. Tu abrazo una manta, tu sonrisa un escudo. Y mis tristezas se han visto en apuros. Y he dicho Gracias. He escampado. Y me has visto escampar y recoger mis dudas sin enojo. Y has notado un apego a llover. Y me lo has dicho. Y no te he creído o he fingido no creerte. ¿Un apego a llover? Cuesta la risa. Mi lugar común es una tarde a las seis. ¿Cómo olvido llover? Correría el riesgo de no verte nunca más. Y ahí sí que llovería.  


domingo, 2 de octubre de 2016

Imperativo amar

Es imperativo amar. Desde las entrañas, en el esternón, con toda la materia gris y la corteza de la blanca. Es imperativo amar cuando amainan las fuerzas, cuando baja el telón, cuando llora la canción. Imperativo amar en la diferencia, en el silencio vago, en la confrontación. Imperativo mirar con los ojos del otro, desnudarse del miedo, despojarse de cualquier expectativa. Aceptar la derrota en las urnas, no en los ideales; y entender un empate en las opiniones. De qué otra manera sobrevivir al cambio. Hay que amar. Despertarse cada mañana con ímpetu nuevo. Asomarse al espejo y entender que el cambio sucede conmigo o sin mí. Optar por dar lo mejor. Entregarse en todas las playas. Desde el escritorio de un Call center hasta la obra negra de un edificio. Hay que entregarse. Escribir la historia no es tarea sencilla. Muchas manos se aúnan. La primera no siempre es la vencida. Y es que es imperativo amar cuando duele, cuando la memoria no deja perdonar, cuando cuesta creer en un mejor futuro. Hay presente, mucho presente para abonar. Dicen que las grandes generaciones son las que siembran árboles cuya sombra jamás recibirán. También es imperativo sembrar. Eso es quizás lo que estamos haciendo.