lunes, 12 de septiembre de 2016

Nueve lunas

Su belleza insulta. Descalza, deambula por la casa recitando poemas. Llama a Clarice como si se tratara de una amiga. Le dice Aleja a la Pizarnik. Tiene problemas recitando a Sylvia y reconoce en Benedetti una suerte de alegría que lo permea todo. Vive sola con su poesía. Como nadie desabrocha su sostén elige no ponérselo. Le habla a las plantas sobre los dioses y evita podarlas para no causarles dolor. Más de una vez, le ha puesto una curita a una rama intervenida y la ha dejado así hasta no ver su cicatriz. Romeo, el pez, come más de dos veces por día, por eso es un beta obeso y no abundan los betas así. Su azul violáceo es pretencioso con ella en la forma como danza en ese globo que se inventó por pecera. El gato, Moisés, adora subirse a su regazo y aunque incomodo se deja acariciar los bigotes. Hace rato que tiene fichado al pez, pero ella le puso una mallita y así los dos tienen que compartirla. Ayer fue a la Fiesta. Estuvo largo rato con los libros de Frailejón entre las manos y lamentó no tener con qué comprarlos. El arte es así --se dijo. Estuvo también en una charla sobre el patio en la literatura y se encontró con amigos que no veía hace años. Le preguntaron por las traducciones y casi se le escapa una lágrima al tener que reconocer que hace rato no intervenía ninguna. Alguien le preguntó por él. No quiso decir que no lo veía hace nueve lunas y se limitó a decir Bien, Bien. Nueve lunas son una vida --reflexionó. Y se marchó en silencio mientras la décima, se abría imponente entre las nubes para observarla.  

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