jueves, 1 de septiembre de 2016

Mudos los ojos

Fría la tarde, ronco el estudio, salada la boca, hay muerte en el salón: una docena de rosas fallece mientras escribimos adioses y seguimos las migas de una imaginación. Fría la tarde sin vos. Me acurruco antes de perder. Me pierdo antes de acurrucarme. Que si no me doy calor estoy perdida. Los bronquios disparan inconformidad. Me matan las crisis en la que olvido amar. Ese frío me posee, me toma, me coloniza, me convierte. Y mudos los ojos, olvidan llorar. El delineador vuelve a hacer las veces de pecera y contenerme es más sencillo que verme caer. Arrastro los pies hasta una poltrona segura y me subo a ella con mareo de tierra. Quisiera estar en el mar. Regalarme ese aire, sanar con la brisa. Quisiera estar en el mar... devenir mar. Estoy en el mar, soy mar, soy la brisa. A ver qué dicen mis pulmones de esto. A ver si se salvan con filosofía, a ver si no lloran, a ver si respiran... Frente al mar es imposible tener los ojos mudos. Calla, calla ya. Sigue inventando el viento zigzagueante, la morada no triste, el faro de leña y el barco Eurídice. Calla, calla ya, silencia tu pecho con una frase de El portal de los dulces. Silencia tu pecho con un Caballo del paseo Heredia, con un pincelazo de Arsalluz, con un adoquín de la calle Tumbamuertos. ¿Mudos los ojos? 

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