lunes, 19 de septiembre de 2016

La mujer de piedra

El cielo está pálido. La tarde apenas comienza y mi rostro sabe a sal. Pronto el dolor se irá, comprará un tiquete de Metro, se anotará en una excursión al desierto, caminará por la Terminal... Pronto bajarán las luces como quien cierra los párpados. Pronto la vida reclamará ser vivida y no tendré más remedio que vivirla. Pronto el silencio será comején y no sabré cómo expulsarlo de mi estudio, se comerá los muebles y dejará su diminuto popó en una marcha casi fúnebre. No valdrá gritar ni llamar a Paulis. Nadie me socorrerá. Tendré que escuchar a Chopin y al mirar por la ventana, salvar el follaje de la Buganvilia que se niega a darme flor. Enredarme en ella buscando alejar la lluvia, como si fuera posible alejar la lluvia. Conversaré con el tiempo destilado en segundos. Le diré que el agua viene y que por ironía saldrá el sol. No, no seré más el dolor. Lo desterraré de mí. Lo exiliaré. Lo enviaré en búsqueda de teneteallás. Me haré una mujer de piedra. Olvidaré las esquinas que me han visto llegar sin él. No mencionaré febrero en los calendarios. No miraré si hay un bisiesto. No celebraré más aniversarios. No daré más misas. Lo veré morir un poco más en mi recuerdo. Sabré que ningún verde se parece al de sus ojos y que ya tengo trillado un video con su voz. Diré que el lenguaje me mutiló una palabra con su partida, porque ya no digo más papá, cada que lo intento se me va la voz. Diré que no me quedan sus lentes por más que me los pruebo y que soy incapaz de escribir con lápiz HB, también que los blocks amarillos se han quedado desnudos y que El Trópico sigue siendo una tienda en Barranquilla donde él solía comprar mantequilla y pan. Pronto el dolor se irá, comprará un tiquete de Metro, se anotará en una excursión al desierto, caminará por la Terminal... y como es tan vivo: regresará. Para entonces habré escrito su ausencia con cincel en mis brazos de piedra.


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