sábado, 3 de septiembre de 2016

Espejismo carnal

El espejismo que sos necesita de la carne que llevo. No podés seguir andando así, ajeno, incrédulo, desafiante, perverso. No podés seguir retándome con filosofía y arañando mi lujuria como si se tratara de una hostia. Tenés que mirarme a los ojos para variar y ver como se contrae y expande mi pupila. Tenés que tomarme la cintura y decir que es gruesa pero te gusta. Tenés que venir a mimar a mis perros o dejarte olfatear, al menos. Tenés que preguntarme qué leí y por qué estoy con este acento. Te diré entonces que hoy soy una mujer sureña a la que no le gusta el ajedrez y odia ver la ropa extendida en el patio. Vení apágame las horas con tres besos y subíme la falda entre conciertos. Vamos, soná para mí. Decí tu nombre en árabe, tatúa tu barba en mi seno. Vamos, robá mis viandas de domingo, acompañáme a misa, quédate mirándome fijo durante la homilía. Profáname vos. Adulteráme. Inventá conmigo un verso. Decíme que soy yo el fantasma que te acosa, que son mis piernas tu delirio y yo, tu espejismo. Moríte por mí aunque sea una vez, perdoná mis errores de puntuación, convidá tus miedos a mis delirios. Moríte por mí, aunque sea una vez y prométeme que esa vez será justo como hoy,  que también, me muero por vos. 

1 comentario:

Alejandra dijo...

Qué bien suena ser una y a la vez muchas.