martes, 27 de septiembre de 2016

A solas contigo

Necesito una hora de tu tiempo. Prometo no llevar amargura ni soledad. Aúno sesenta minutos de alegría y besos. Convierto mis cenizas en aplomo. Y me preparo, doy aplausos por sonreír. Aunque taciturna fue que atraje tu atención, tus ojos se fijaron en mí sin tener o ser nada brillante. Una mujer común con problemáticas comunes. Un manojo de nervios encubierto. Una noche que no conocía el día. Un cuerpo que jamás se miró al espejo. Un dolor. Una llama. Un silencio, mil palabras. Un bostezo del infinito, eso soy. Y necesito estar a solas contigo para invertir los tiempos, para hablar callada, para profesar amor. Agonizo mientras tanto. Mientras el paisaje lleva su cúmulo de nubes del este al oeste. Mientras los perros ladran en grupo y la ciudad se duerme para renacer. Taciturna, reúno lo que puedo en versos. Te digo: bello. Y muero por vos. Busco alguna canción de Cerati e intento creer que algo de lo que hago es importante. Mirarte así: ser cuerpo, naufragar de deseo, vivir también, para ti. Fallecer en mis intentos de una literatura mayor. Descubrir que me falta músculo para la novela. Sentir el llamado del cuento. Del breve, del brevísimo. Narrar que estoy sin ti y permitir que otros vean cuán contigo.  

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