lunes, 1 de agosto de 2016

Munich en el alma

No he leído ni he hecho anotaciones en el diario. Sigo viajando. Las noticias hacen bruma en mis recuerdos. Con el retrovisor empañado no puedo describir cuan bella es Munich. Las libélulas se niegan a pasear por el lago de las Ninfas y los patos esconden la cabeza. La Ópera cierra sus puertas y se han roto los espejos exhibidos en la plaza. Todavía llueve. A un pug lo pasean en la otra acera y extraño los míos. No hay banderas en el Marienplatz y no me provoca comprar un souvenir.  El estruendo antecede al silencio. No hay música. La risa de mi hijo no acompasa mis pasos ni abro los brazos al cielo para un retrato. Estoy pasmada, quieta, estupefacta. No le pregunto al guía por un lugar dónde comer ni me amarro los cordones por enésima vez. Caigo. Me raspo. Al levantarme mis manos se llenan de piedrecillas, continúa lloviendo, las sacudo, me las lavo. No fui yo. También fue a mí. 


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