miércoles, 17 de agosto de 2016

El Quijote sobre mi chimenea

Llevo días buscando la palabra exacta, el inicio preciso, la descripción acertada. Llevo días con tu sabor en mi lengua y tu voz arrinconando mi lucidez. Repito palabras tuyas que se alojan en mi inconsciente con destreza. Soy tu bella. Y esa belleza no es un atributo físico, es más bien una disposición del alma, un color o una vibración. Y en esa vibración nos sintonizamos. Mi mirada escarba los rincones de tu existencia. Quiero saber todo de ti, tus matices más mundanos y profanos, tus aspiraciones más cargadas de esperanza, las huellas del tiempo sobre tu rostro, el vaivén de tu cabello plateado iluminando mis noches. Quiero saber a qué te sepo. Qué hace mi saliva en tu boca. Cuántos viajes hacemos cuando nos miramos... La perfecta complicidad. El afecto en el quehacer. La manera de contemplar el ocaso cuando hay nubes. La provisión de besos lista para ser menguada. ¿Dónde pongo tu mirada amor? ¿Dónde alojo su fulgor? Ven, ayúdame a tejer el reverso de un poema. Sostén esta ilusión de ti. Abréme tus alas para llevarme una pluma. Conserva ese beso alicorado. Succiona mis labios. Aruña mi presente con preguntas. Nada en mi obra como si fuera tuya. Esculca. Escúlcame. Pregúntame de qué color es el cielo, cuántas estrellas, si algún planeta... Dime, dime qué anhelas. Sé el Quijote sobre mi chimenea.     

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Sigo encontrando un aire liberador en cada rincón de la bitacora. Un sitio ebrio de voces que se agolpan para sorprenderme.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Si vieras las vueltas que doy antes de publicar ciertas entradas. Temo ser repetitiva. Caer en un cliché. Perderme en el delirio. Aleja, tu asombro es el mejor regalo de este mes. Gracias.