lunes, 1 de agosto de 2016

Dobles cuánticos

Un llanto granulado, así es la lluvia de esta tarde. Invento un beso con los dedos y lo alojo en tu regazo para que me tengas de fiambre cuando me necesiten tus pasos. Y es que estamos tan ocupados que no tenemos tiempo de pensarnos. Tenemos más de lo que tememos y menos de lo que deseamos. He olvidado la tormenta bajo tu abrazo. El centellear sonoro que ilustra un horizonte lejano. El miedo al lobo. La cueva ancestral y oscura de un aposento seguro. Estamos tan alertas que sólo un televisor nos arrulla y cuando olvidamos el sleep continuamos trabajando. Pedaleamos los mismos problemas y tenemos las mismas discusiones: me regañas por hundir por la mitad el dentífrico mientras te llamo la atención por dejar las puertas abiertas. Tú sigues madrugando y yo sin hora fija, me despierto como Caty: "a las nueve de la madrugada". Sueño y no es a ti a quien veo. Pienso, y no es en ti en quien pienso. Te me has vuelto como el oxígeno, imperceptible pero absolutamente necesario. ¿Adónde iremos amor? ¿Qué calles nos verán llegar?  ¿Podremos solucionar los problemas que inventamos? Cambiar. Mirar más tu pupila, besar más tus labios. No somos los que fuimos ni seremos los que somos. Somos lo que pensamos. Entonces elijo pensarte bien, quererte más y dialogar contigo durante la tormenta. Decir: hace frío y ver cómo se aleja entre tus brazos. Un nido, sí. Eso tenemos. Habrá que buscar más leña y atrevernos a soñar juntos como alguna vez nos soñamos. 


2 comentarios:

Alejandra dijo...

Esperemos que el inquietante huésped y su amada tomen la caravana a la mañana siguiente y su beso perdure aún en el silencio.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Que así sea.