domingo, 28 de agosto de 2016

Divagaciones

Un zorro naranja con una flor en el pecho me observa mientras escribo. Diez rosas abiertas saludan la tarde que está por partir. Una Eufonia es un ave y este mes, está que se termina. No sé si soy más mujer cuando me siento triste pero te llamo más y eso dice algo. Ayer, te soñé caer sobre mi anhelo de ti. Ayer, disfracé mi inconsciente de tu cuerpo para amarme y tu caricia fue estruendo. El ojal de mi ombligo me descoció por dentro. Órganos palpitantes corearon tu nombre. Mi matriz encadenada por poco se libera. El éxtasis de ti me arruinó los planes de conocer a alguien. Fui al parque con el perro y nadie más paseaba. Pensé en las veces que de niña, usurpé nidos de ruiseñor. Volví a subirme en mi bicicleta roja y quise que papá estuviera cerca para detenerme. No soy una buena adulta. Hasta para amar, sigo siendo niña. ¿En cuántos chicos tuve que fijarme antes de que uno se fijará en mí?  Tú te pareces a los primeros chicos, a los que creí amar sin recibir jamás una caricia a cambio. ¿Cómo imaginaba el amor? ¿Cómo lo soñaba? Ripios de poemas se tejían entonces. La ventana era un universo. La hamaca un recurso para soñar. ¿Estabas ya allí? Sin duda. En Yordano, en la fidelidad de Gabo, en las granadillas dulces y los cuadernos de Norma. Estabas, innombrable, en mi fantasía de ti. Nunca pensé demasiado en quién llegaría a ser. Le daba demasiada importancia a con quién. Ahora soy un boceto. Una línea en HB que en algún punto aprendió a soñar y en otro olvidó para qué. Recuérdame esta tarde para que me tristeza no pase invicta. Recuérdame aunque no sea para amar. Escribe mi nombre al reverso de un diario. Invéntame alegre. Créame mujer. Así no seguiré esculcando nidos ni inventándole un quehacer a las flores. Divagaré entonces en el poniente gris. Pensaré en Melania y Scout. En Atticus y Jim, en Tom... y en todos los finales que me dejaron empezada. 

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