miércoles, 24 de agosto de 2016

Conversación de sábado en la noche

He encendido la tele en un canal capital. He abrazado dos libros y me he metido a la cama con ambos. Con ruido también sé leer. He buceado en el celular por unos minutos buscando tu número. Suena, no contestas. Me atrevo a dejar un mensaje torpe y largo. Busco tu número fijo para tener una verdadera conversación telefónica. Sí, con cable. ¿Aló? Te digo que llueve y me dices que allá no. Tampoco estamos tan lejos ¿o sí? Te digo: el viento aúlla. Me dices: también aquí. No estamos tan cerca ¿o sí? En mi libro la portada está llena de ojos. Siento que me miran. Te digo. Ríes. Me preguntas de qué color son los ojos. Y todos son cafés. Me dices que me miras a través de un par. Juego a buscarte. No. Debe ser el par con los párpados cerrados. Te digo que duermes. Insistes en que no. Me preguntas cómo estoy vestida. ¿Pijama rosa? Comienzo a mentirte. Negro. Babydoll. ¿De qué color tengo las uñas? Rojas por supuesto. ¿Y los labios? Rosa. ¿Dónde están mis manos? Una en el teléfono, la otra... imaginación mujer, imaginación... a la altura de la rodilla. Me excitas. ¡No puede ser! Fue tan solo una mentira... ¿Aló? Aquí estoy. Te conozco hace años. Volvamos a empezar. ¿Cómo estás vestida? Pijama, rosa. Así también me excitas. ¿Por qué no vienes? Llueve. Ya hemos pasado por esto antes. ¿Y por qué sigues lejos? Porque no me soportas cerca. Es cierto. ¿Puedes hablarme hasta que me duerma? Léeme si es necesario. ¿Pessoa? Celan. Imagina un campo de tulipanes. ¿Por qué dices que no te soporto cerca? Ya te estás quedando dormida. Hasta mañana amor. Bostezo. Hasta mañana...



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