miércoles, 20 de julio de 2016

En mi costado

Partiría en dos mis huesos por tu nombre acurrucado en mi costado. Lo tomaría entre mis dedos y tejería una sola palabra que contuviera las demás. Diría deseo y te hablaría de las noches blancas y los duendes tristes, de las brujas llanas y los montes grises. Pasearía contigo por la niebla oscura y le daría un lápiz a las ideas sosas. Contigo a mi lado tendría el mundo conquistado. Reposaría callada en la esquina con luna, en la marea sublime. No perdería el llanto y no temería al delirio. Invertiría en lágrimas lo que sucede ahora, abonaría otrosís para todas mis promesas. Haría poesía sin temor al género y me haría poema para que me leas mejor. Con tu nombre a mi lado visitaría santuarios de agua, correría por campos de girasoles y abrumaría la luz con cintas de colores y besos esquineros. Y las brujas, aburridas, me pedirían un conjuro o unas crayones, y les daría lápices para que pinten sus verrugas y sanen sus heridas. A los duendes tristes les daría una baraja de naipes y a los montes grises, aves que surquen sus cielos. Las noches blancas, no serían más que una sábana y mis divagaciones... una sarta. Y tal vez tú, lejano en tiempo, encontrarías una razón para esta furia callada. Y después de todo, quizás vengas y te acurruques donde nadie sino tú puede hacerlo.  

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