sábado, 18 de junio de 2016

El ángulo de tu presencia


Esperé el llanto de las horas. Sobre un manto blanco descansé pausada. Imaginé el sabor de un algodón de azúcar y deslicé mis dedos por los bordes de mi boca. Amañé el clima a mi gusto, comenzó a llover y el techo a sonar. Tuve un veloz encuentro contigo. Sonó el teléfono, no reparé en contestar. Tronó, el relámpago previo no tenia ínfulas de niño bueno. Cambié de lado, no me gustó. Volví al origen. Abracé mis rodillas mientras pensaba en tu olor. ¡Qué mágico sería ser arropada por ti en esta tarde de invierno! Por ti... comienza a aullar la noche su melodía franca. Y es que no quiero moverme. No quiero perder nuestra unidad. Quiero estar metida en ti. Quiero que mi cuerpo se vuelva a amoldar a tu silueta, encajar en el preciso éxtasis, en el desborde tierno, en el animal herido. Por eso no me muevo más, encontré el ángulo de tu presencia. Respiras sobre mi nuca y me araña tu aliento. Contigo he reconocido el deseo sin necesidad de hablar de amor. ¿Sobreentendido? Jamás. Leve murmullo de torrente sanguíneo, presión angelical sobre senos dispuestos, presión mortífera en una ingle caprichosa. Presión y pasión. ¿Cómo más escribo que me robaste el alma? Nunca ha sido mía pero es tuya. Nunca ha sido mía y te advierto no abrirme más las alas, no soplar tan fuerte que temo una caída atroz, un paracaídas averiado, un verso sin sabor. Vamos, camina conmigo por los senderos de la lluvia triste. Dame tu mano para levantar mi peso de estas gastadas cobijas.   

2 comentarios:

Judith dijo...

Muy sentido sus versos Claudia, eres sentimiento a flor de piel, una bella manera de dejar marcado el transitar por esta vida su amiga Judith( Del Tour)

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Judith, qué bueno verte por aquí. Un abrazo.