miércoles, 11 de mayo de 2016

Recuerdos a la orilla del mar

El muelle, las olas, tu noche, los barcos... El faro, su luz. El cielo, mi noche, Arturo... Navegante sin tripulación, ancla sin océano, red sin pescador. La bahía da espera, buques salen y entran. El aire salado sopla las esquinas de mi rostro. Las campanas de la iglesia redoblan por un matrimonio en curso. Un par de iguanas pasan la calle. Continúo observando: alguien patina cerca y me toca, más allá un carrito de helados exalta el coco y el mango, al frente, un carro de raspado compite con Kola, tamarindo y limón. Un pug pasea gracias a su amo y marca el territorio como recién conquistado. La sal se asemeja a mi pérdida. Lloro. El calor evapora mis lágrimas, las pega más a mi rostro, lo quema. Salen los novios, echan arroz. La abundancia también es de estrellas y boyas. Intento contarlas pero pierdo la cuenta. Un ron y me echo a la pena. Un bolero y también. ¿En qué pasos te perdí? ¿Cuál navidad fue la última? ¿Cuál el último año nuevo? Mi viejo... nunca te dije así, siempre fuiste papá, bombón, lindo, todo lo dulce de este mundo. Una banca y me siento. Intento contar los pisos de un crucero. De lejos el Asturias se impone con todos sus recuerdos. Estás en el balcón, -siempre estabas en el balcón-. Ahora mismo te imagino diciéndome adiós. 

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