domingo, 1 de mayo de 2016

Me bastó un violín

Se me pasó el tiempo sin mirar las horas. Me bastó un violín para volar la tarde. Escuché tu risa en sus notas. Se me enredó un cordón al mirar al cielo, al buscar la luna, al recibir la lluvia, al amainar mi deseo. Te busqué como siempre, atorado en letras y te encontré mejor, más lúcido, más bello. Quise inmortalizar tu rostro en un retrato blanco y darte uno mío en su consabido negro. Quise ser gitana para vos. Leer en tus manos las mías a su encuentro, reconocer en tu iris una exaltación: furor de color y de fuego. Me amañé mirándote. Me acurruqué a tu lado. Tejí el amor para no perderlo y me herí con la aguja a propósito para sellar con sangre esto que siento. Te leí un poema de Rojas Herazo y te mostré un gallo dibujado por él. Cacareaste. Reí. En tu boca el lienzo está vacío. De mi boca llega el color. Nuestras lenguas pintan el cosmos y se quedan adheridas ahí en una esquina, en una esquirla, en un pedacito de húmeda piel. Y pinto contigo el cosmos y hasta podemos darle un sabor. Sabor que no diré porque queda entre ambos como el violín, como el poema, como la tarde.  

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Esta vez "el sujeto amoroso" es todo lo que se nombra. Y la música se escucha.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

¿Se escucha? Maravilloso. Basta un violín para detener el tiempo.