jueves, 26 de mayo de 2016

Balada de la mujer triste

Cuando cierro los ojos miro pa´dentro 
pa´ver  si te veo donde te siento.”
Cante jondo

Cuando te busco adentro, lates en mí. Estás en las palabras que dibujo, en las melodías que escucho, en Chopin. La melancolía dejo de ser triste desde que me habitas. Los muros no son más que arena y cal. Te brincas mi atrapasueños y colmas de imágenes mi despertar. Tu sonrisa es mi amuleto. Sin fotografías, te guardo en el camafeo de la memoria. Tu cabello negro se sigue deslizando entre mis dedos y tus labios entreabiertos le dan cuerpo a mi nombre. Cuando cierro los ojos te veo despierto. Me miras. Me auscultas. Te buscas en mí. Eres poro, lunar y cicatriz. Estoy contigo a cada instante... Transitas en mí. Las calles que tienen tu estela son más brillantes y apetecidas. Los libros son cómplices de nuestra aventura, entre líneas te leo, en márgenes te anoto. Mis manos continúan siendo inconfundibles para ti, quien al mejor estilo de Durrell podría reconocerlas en un carnaval. Y es que desde que te conozco disfruto ser yo. Sin máscaras  ni artificios. Cuando me ves sabes que voy desnuda de cuerpo entero. Lo demás son pretextos, convencionalismos cargados a ratos, de inutilidad. Y es que tu voz es caricia. Cuando te busco dentro empiezo a soñar. Mis ojos tienen tu silueta encallada. Estás en la bitácora del capitán. Lo que comenzó como una lágrima te atrajo a mi soledad. Ahora la brújula está marcada y tus coordenadas son el inefable destino que me espera. ¿De saber que tú vendrías, cuántas veces volvería a llorar? 

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