jueves, 26 de mayo de 2016

Balada de la mujer triste

Cuando cierro los ojos miro pa´dentro 
pa´ver  si te veo donde te siento.”
Cante jondo

Cuando te busco adentro, lates en mí. Estás en las palabras que dibujo, en las melodías que escucho, en Chopin. La melancolía dejo de ser triste desde que me habitas. Los muros no son más que arena y cal. Te brincas mi atrapasueños y colmas de imágenes mi despertar. Tu sonrisa es mi amuleto. Sin fotografías, te guardo en el camafeo de la memoria. Tu cabello negro se sigue deslizando entre mis dedos y tus labios entreabiertos le dan cuerpo a mi nombre. Cuando cierro los ojos te veo despierto. Me miras. Me auscultas. Te buscas en mí. Eres poro, lunar y cicatriz. Estoy contigo a cada instante... Transitas en mí. Las calles que tienen tu estela son más brillantes y apetecidas. Los libros son cómplices de nuestra aventura, entre líneas te leo, en márgenes te anoto. Mis manos continúan siendo inconfundibles para ti, quien al mejor estilo de Durrell podría reconocerlas en un carnaval. Y es que desde que te conozco disfruto ser yo. Sin máscaras  ni artificios. Cuando me ves sabes que voy desnuda de cuerpo entero. Lo demás son pretextos, convencionalismos cargados a ratos, de inutilidad. Y es que tu voz es caricia. Cuando te busco dentro empiezo a soñar. Mis ojos tienen tu silueta encallada. Estás en la bitácora del capitán. Lo que comenzó como una lágrima te atrajo a mi soledad. Ahora la brújula está marcada y tus coordenadas son el inefable destino que me espera. ¿De saber que tú vendrías, cuántas veces volvería a llorar? 

domingo, 22 de mayo de 2016

Tengo algo que decir al respecto

Fotografía: Daniel Efe Restrepo 

Te necesito. Apelo horas a favor de tu cariño. Araño memorias con un plumón café que destila obsesiones sobre una hoja rayada. Conservo tus besos últimos como si fueran los primeros. La música me sabe a ti, los libros también. Las revistas, las fotografías, las cervezas, tienen ingredientes irreductiblemente tuyos. Los lápices 2B y los borradores de nata se hicieron para ti. Los clásicos conversan con los contemporáneos a través de tus ojos y tu sonrisa. Un farolito no es solo una canción...  Un pavo real es mucho más que un ave. Posan para ti las mariposas. Le das color a una silueta nocturna. Siempre vas de pie en el Metro y junto a una ventana para oler la ciudad. No tomas café. Estás en onda naturista. No comes de noche y duermes cuatro horas, tiempo que te alcanza hasta para soñar. Usas pantalones de paño y camisas con mancornas, y doblas los puños cuando vas a pintar. Jamás te ensucias más allá de lo necesario. Todo en ti parece tan preciso como tu diálogo. A veces juro tener que sacar tus palabras con ganzúa. Lo único insaciable es tu mirada. Creo que disfrutas más verme que tenerme. En el lienzo olvido los años y una pose provocativa me delata. Lo demás te resulta soso, insulso. Y es en mi simpleza que te agrado. Nada de drama. Nada de imprevistos. Cero movimientos impredecibles. Pero tengo algo que decir al respecto: tú me hiciste así. Posar no es divertido para otros ojos. El instituto es aburrido comparado contigo. Y sí, me conformo. Sé cuál es nuestra línea y no voy a pasarla, no voy a pedirte un amanecer o una noche entre tus brazos, seré tu modelo, con suerte tu musa hasta que decidas buscar otro cuerpo para recrear el infinito.     

miércoles, 11 de mayo de 2016

Recuerdos a la orilla del mar

El muelle, las olas, tu noche, los barcos... El faro, su luz. El cielo, mi noche, Arturo... Navegante sin tripulación, ancla sin océano, red sin pescador. La bahía da espera, buques salen y entran. El aire salado sopla las esquinas de mi rostro. Las campanas de la iglesia redoblan por un matrimonio en curso. Un par de iguanas pasan la calle. Continúo observando: alguien patina cerca y me toca, más allá un carrito de helados exalta el coco y el mango, al frente, un carro de raspado compite con Kola, tamarindo y limón. Un pug pasea gracias a su amo y marca el territorio como recién conquistado. La sal se asemeja a mi pérdida. Lloro. El calor evapora mis lágrimas, las pega más a mi rostro, lo quema. Salen los novios, echan arroz. La abundancia también es de estrellas y boyas. Intento contarlas pero pierdo la cuenta. Un ron y me echo a la pena. Un bolero y también. ¿En qué pasos te perdí? ¿Cuál navidad fue la última? ¿Cuál el último año nuevo? Mi viejo... nunca te dije así, siempre fuiste papá, bombón, lindo, todo lo dulce de este mundo. Una banca y me siento. Intento contar los pisos de un crucero. De lejos el Asturias se impone con todos sus recuerdos. Estás en el balcón, -siempre estabas en el balcón-. Ahora mismo te imagino diciéndome adiós. 

domingo, 1 de mayo de 2016

Pellizco de cielo

Larga la espera. Larga la lluvia. Corta la respiración. Un mordisco de fe y te tengo conmigo. Un pellizco de cielo y decimos que es noche. Una alborada noche con nuestros abrazos interminables. Que no amanezca. Déjame seguir buscándote en la oscuridad. Déjame seguir a tientas el camino hacia tu piel. Y se me abren los poros y parece que te inhalo, y no quiero más nada que tu pecho y mi oído buscando tu corazón. Larga la espera, larga la lluvia, corta la respiración. Con los ojos cerrados me miras, tus manos me inventan. Mis pezones se erizan. Soy el retrato del delirio, la comunión con la obsesión. Soy tan tuya que duele, tan poco mía cuando hay que hablar de amor. Mi cuello se arquea, tu beso lo llena. Mi cuerpo tirita -no por mucho-. Me das tu calor. Y entre jirones de piel nos vamos acurrucando para no dormir, para recorrer los dedos tu paisaje y ser colina y valle para vos. Y nuestra selva ruge. Y se asoma un desquicio de amanecer. ¿Estás conmigo? El alba te sorprendió dormido. Me aferro a tu mano en mi vientre y veo como la luz arrebata el pellizco de cielo.  

Me bastó un violín

Se me pasó el tiempo sin mirar las horas. Me bastó un violín para volar la tarde. Escuché tu risa en sus notas. Se me enredó un cordón al mirar al cielo, al buscar la luna, al recibir la lluvia, al amainar mi deseo. Te busqué como siempre, atorado en letras y te encontré mejor, más lúcido, más bello. Quise inmortalizar tu rostro en un retrato blanco y darte uno mío en su consabido negro. Quise ser gitana para vos. Leer en tus manos las mías a su encuentro, reconocer en tu iris una exaltación: furor de color y de fuego. Me amañé mirándote. Me acurruqué a tu lado. Tejí el amor para no perderlo y me herí con la aguja a propósito para sellar con sangre esto que siento. Te leí un poema de Rojas Herazo y te mostré un gallo dibujado por él. Cacareaste. Reí. En tu boca el lienzo está vacío. De mi boca llega el color. Nuestras lenguas pintan el cosmos y se quedan adheridas ahí en una esquina, en una esquirla, en un pedacito de húmeda piel. Y pinto contigo el cosmos y hasta podemos darle un sabor. Sabor que no diré porque queda entre ambos como el violín, como el poema, como la tarde.