jueves, 28 de abril de 2016

Levito

La luna nos vio pasar tan distraídos que ni la miramos. Tu mano sostenía la mía con fuerza. La lluvia, los charcos, los niños, el parque. Un farol con corto y una luz menguante. Los perros, los amos, las voces, el parque. Tus pestañas se mojaron y tu mano sacudió tu sonrisa. Tardé en darme cuenta de que nunca seríamos tan felices. Memoricé las mesas del bar, los balcones vecinos, tu camisa a rayas, la cerveza vacía. Y besé las esquinas de tu boca como las bisagras de un sueño. Y quise tu mano en mi pierna por horas. Y quise la mía en tu espalda por otras. Y la lluvia se hizo concierto y tu mirada me develó un misterio. Toda mi humanidad quiso aferrarse a la tuya. Toda la tuya se vino conmigo. Justo intercambio de soledades y búsquedas. Y el beso, aquel beso, incesante juego entre alcoholes, malabar de bienvenidas y adioses, néctar de dioses. El beso, aquel beso, me hizo perder gravedad. Desde entonces levito cada que lo recuerdo.

2 comentarios:

Alejandra dijo...

El cuerpo del amado, la mano que escruta la fisura del alma. Qué bello levitar así.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

"La mano que escruta la fisura del alma" También eres poeta Aleja.