lunes, 11 de abril de 2016

Hice mal

Hiciste bien en no quererme, te habría partido el corazón tarde o temprano. Hiciste bien en alejarte, aunque te sienta tan, tan cerca. Hice mal en no poder odiarte. Hice mal en acongojarme. Debí soltarte. Debí olvidarte. No pude. El recuerdo de tus ojos aún me acaricia por el retrovisor. Tu mano en su pierna me atormenta ahora tanto como entonces. Tus besos con ella se sienten como un ráfaga de viento helado junto a mí. Nunca supe la boca que añoré. La sospeché en sus besos, en los de ella, con una ternura que en mí habría sido pasión. La sospeché en los tragos, en ese fondo blanco que antecedía tu sonrisa. La escuché en tu adiós. En esa cruda manera de decirme Me voy. Creí que era como tantas otras veces, un hasta mañana. Pero te fuiste. Compraste un tiquete de una sola ida cruzando el charco y no me pediste ni mi dirección. Me enteré por redes que Francia era tu hogar. Allí vi fotografías de ti, feliz. No la vi a ella y tampoco me importó. Estabas lejos, esa era la ecuación. A veces, quería dar like a tus vivencias, siempre quería decir que me gustaba, nunca lo hice. Dejé de visitar tu página después de que te vi comprometido. Y seguía viendo tus ojos en el retrovisor. Cambié el auto. Funcionó. Me encontré con tu amiga y me preguntó por ti. Balbuceé. ¿Qué decir? ¡Pero si se moría por vos!, me dijo. Y no tuve más remedio que sentarme y pensar por qué no envié un mensaje, por qué no dije me gusta, por qué no le pregunté, después de todo fue él quien me partió el corazón. 

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Un abismo, un anonadamiento, una hipnosis que pudo ser, pero no fue. Bello momento del espejo.

Claudia Restrepo Ruiz dijo...

Estamos cargados de momentos que pudieron ser.