jueves, 28 de abril de 2016

Levito

La luna nos vio pasar tan distraídos que ni la miramos. Tu mano sostenía la mía con fuerza. La lluvia, los charcos, los niños, el parque. Un farol con corto y una luz menguante. Los perros, los amos, las voces, el parque. Tus pestañas se mojaron y tu mano sacudió tu sonrisa. Tardé en darme cuenta de que nunca seríamos tan felices. Memoricé las mesas del bar, los balcones vecinos, tu camisa a rayas, la cerveza vacía. Y besé las esquinas de tu boca como las bisagras de un sueño. Y quise tu mano en mi pierna por horas. Y quise la mía en tu espalda por otras. Y la lluvia se hizo concierto y tu mirada me develó un misterio. Toda mi humanidad quiso aferrarse a la tuya. Toda la tuya se vino conmigo. Justo intercambio de soledades y búsquedas. Y el beso, aquel beso, incesante juego entre alcoholes, malabar de bienvenidas y adioses, néctar de dioses. El beso, aquel beso, me hizo perder gravedad. Desde entonces levito cada que lo recuerdo.

lunes, 11 de abril de 2016

Hice mal

Hiciste bien en no quererme, te habría partido el corazón tarde o temprano. Hiciste bien en alejarte, aunque te sienta tan, tan cerca. Hice mal en no poder odiarte. Hice mal en acongojarme. Debí soltarte. Debí olvidarte. No pude. El recuerdo de tus ojos aún me acaricia por el retrovisor. Tu mano en su pierna me atormenta ahora tanto como entonces. Tus besos con ella se sienten como un ráfaga de viento helado junto a mí. Nunca supe la boca que añoré. La sospeché en sus besos, en los de ella, con una ternura que en mí habría sido pasión. La sospeché en los tragos, en ese fondo blanco que antecedía tu sonrisa. La escuché en tu adiós. En esa cruda manera de decirme Me voy. Creí que era como tantas otras veces, un hasta mañana. Pero te fuiste. Compraste un tiquete de una sola ida cruzando el charco y no me pediste ni mi dirección. Me enteré por redes que Francia era tu hogar. Allí vi fotografías de ti, feliz. No la vi a ella y tampoco me importó. Estabas lejos, esa era la ecuación. A veces, quería dar like a tus vivencias, siempre quería decir que me gustaba, nunca lo hice. Dejé de visitar tu página después de que te vi comprometido. Y seguía viendo tus ojos en el retrovisor. Cambié el auto. Funcionó. Me encontré con tu amiga y me preguntó por ti. Balbuceé. ¿Qué decir? ¡Pero si se moría por vos!, me dijo. Y no tuve más remedio que sentarme y pensar por qué no envié un mensaje, por qué no dije me gusta, por qué no le pregunté, después de todo fue él quien me partió el corazón. 

domingo, 10 de abril de 2016

Conversación al sur

Abroché el cinturón con la mirada fija en la calle. Tu sombra dobló la esquina. Llegaste. Te subiste al auto. Te miré buscando cuitas nuevas. Me mostraste dos silencios fragmentados y el renglón de un libro subrayado. Arranca. Encendí el auto. ¿Hacia adónde? Al sur, siempre es mejor al sur. Descendí por cuadras alumbradas de cariño mientras mirabas absorto por la ventana. ¿Y Dalia? Con su madre. Dejé que tu silencio nos abrazara a ambos. Conduje. El tráfico se hizo denso de repente y sólo se me ocurrió encender la emisora. El concierto para violín de... no tuvo tiempo de sonar porque tu mano lo apagó a la vez que tu voz ronca me decía: Esto no puede ser Martina. Me atraganté al instante y no quise preguntar qué de todo no podía ser. Era. Intenté buscar tus ojos pero tu mirada estaba perdida. No sé para dónde vamos ni por qué, te dije al fin. Vamos a arrancarnos la piel porque ya no nos queda pudor alguno. Así no. Culpable no. Dijimos que estaríamos juntos mientras no hubiera culpa. La culpa es amarte, me siento perdido sin ti. ¿Y por eso me ignoras? No, quiero que me duelas menos y zafarme ya. ¿Qué haces? Conduce. No. Záfate. ¿Crees que voy a entregarme para que me hagas trizas después? ¿Acaso no te entregas ya? Me entrego siempre. Y por eso te amo. Pero no puedo... Aquí es, llegamos, bájate, el día que sientas que no le estás haciendo daño a nadie más que a ti mismo, llámame.  

domingo, 3 de abril de 2016

Una palabra

Ha de quitarse la vida como quien deshoja pétalos de una margarita. Se amputará las horas. Se morderá la lengua, abrazará un diccionario y escogerá una palabra para llevar al más allá. No será Amor ni Lirio, Noche ni Mar. ¿Será el sabor de un nombre acaso, el eructo de un instrumento, la mágica condensación de un olor? No, no será violín ni yerbabuena. Quizás Lágrima porque llorará los últimos minutos de consciencia acariciando una cicatriz del alma. Será letal su caída rápida por su rostro almidonado. Será letal su arsénico sabor de derrota. No fallecerá con los ojos cerrados. Podrá ver hasta que se le nuble el cuerpo, hasta que se mesan con resignación sus pestañas y su tierno pendular se suspenda en un aire contaminado. Sí, ha de quitarse la vida como muchos artistas sin tiempo. Sentirá que no hay lugar, que sus brazos ya no la contienen, que las palabras ya no la ayudan más. Verá la última lluvia caer y se vestirá de asfalto para recibirla. Y mojada, volverá a sentir frío, temblará. Toda su belleza se partirá en dos, tiritará. En vano buscará otros ojos despiertos. En vano querrá asirse de las esquinas de un beso. Querrá tararear una canción pero para cuando la piense, la habrá olvidado. Y sabrá entonces que la palabra que escogió para llevarse es Sálvame. Porque sí, se siente derrotada pero quiere seguir intentándolo.