miércoles, 30 de marzo de 2016

Impregnarme de ti

Bésame más, no mucho, más. Quítame esta sed. Ahuyenta mis fantasmas. Convócame a ser leal aunque no siempre pueda serte fiel. Comprende que siempre estoy buscando algo y estoy dispuesta a acudir al infierno para encontrarlo. Vamos, bésame. No esperes a que caiga la noche y tu regazo cansado reciba mis derrotas del día. Sé tú mi triunfo. Rompe mi rutina. Irrumpe en este estudio con tu miel. Pégame los dedos. Muérdeme las uñas. Arrebata mi ansiedad y bésame. ¿Aunque suena egoísta no? Más bien seré yo quien arremeta en tu estudio, seré yo quien te bese los dedos y los labios y las mejillas también. Iré hasta ti convencida de que mi último personaje tiene un toque tuyo adorable. Perderé mis dedos entre tu cabello. Escucharé tu risa, nos daré una pizca de ambición. Correré las cortinas para darnos espacio y no te dejaré encender la luz. Me derramaré en ti como una lágrima y te besaré sin prisa en una visión desnuda. Me dirás que tienes mucho que hacer. Y quizás me levante, aunque tal vez me quede. Egoísta otra vez. Te robaré cinco minutos de tu tiempo para impregnarme más de ti, más, no mucho.    



viernes, 25 de marzo de 2016

Caer con arte

No me llames aún que está temprano. No quiero ver series ni acalorarme bajo las sábanas. Quiero deslumbrarme como lo hizo Framb, el poeta, con un puñado de mundo. Quiero volver a caminar por cementerios desiertos, pararme en la Q de algún apellido, Quijano o Quintero, no desprestigiar al segundo. Quiero honrar con palabras a los muertos, ya bastante han tenido de silencio. Leer en voz alta un poema de Breton, y reconocer que me falta emoción porque mi favorito de memoria es Conjugaciones de Bonnett. 
Quiero mirar el mundo como a un crisol baldío. Tener sólo palabras para fundir y mi vientre para sentir. Acudir al Arte Universal y volver a caer en Dance at Bougival de Renoir. Decir que sí, que es cierto, que Caravaggio me perturbó con el drama de la luz pero la alegría le pudo a mis nostalgias. No dejé que la oscura en mí escogiera. La deje mirar, contemplar fines de mundos, masacres y expiaciones. La dejé mirar y la obligué a bailar, con Renoir. 
Y no, no me llames aún que es temprano, marzo aún no se agota, no he vuelto a ver llover. Un calor insoportable me quema las mejillas y mata a un cucarrón –qué digo, escarabajo–. No me saques de aquí que a esta hora apenas comienzan a llegar las voces. No he prendido el incienso y ya puedo sentir cómo se amotinan. O llámame y déjame invitarte a este desorden, a este caos insatisfecho, a este vientre dispuesto. 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Quiero prescindir de ti

Quiero prescindir de ti como se prescinde del sol durante un día de invierno. Quiero prescindir de ti al dormir. Olvidar la letra por la que empieza tu nombre. No recordar el hechizo que me conjuraron tus ojos. Quiero subsistir sin tu llamada diaria, sin tu apellido en el directorio telefónico. Quiero erradicar tu silencio con el vuelo de una mariposa y tener una conversación con el zorro de Saint Exupery. Quiero dejar de llevar el invierno conmigo, abrir una sombrilla de colores y dar vueltas en círculo como los niños para marearme y soltarte, tener que soltarte. Y es que mira que quiero prescindir de ti porque te me has vuelto necesario. Estás en mi canasta personal no en la familiar. Y necesito de ti como del agua. Me deshidrato cada vez que te lo digo, cada vez que me insinúo, cada que te profeso amor. Y me tropiezo con tu silencio que es como una daga o un espejo. Y no sé a dónde mirar. No sé qué más decir. Qué inútiles son mis esfuerzos por condensar un sentimiento que está por encima de la amistad. Admiración acaso. Ternura después. Y es que siento como si te debiera la vida, al menos esta. Y el sol sigue oculto, las nubes densas. En cualquier momento agarra a llover y mi paraguas y yo tenemos una cita. Y mira que se asoma el sol y me arruina los planes y aquí sigues... y no puedo prescindir de ninguno. No me queda más que danzar con el paraguas bajo el sol. Con suerte alguno de los niños me ve y se ríe: "Es la señora del primer piso otra vez queriendo olvidar a alguien". 

viernes, 18 de marzo de 2016

El epígrafe de tu creación

Hice un paréntesis con los nenúfares para volver a sentir. Mi lago está en tus ojos. Mi tallo sumergido entre tus aguas. En ti, floto. Extiendo mis hojas tanto como sea posible, les arrugo la punta para conservar la lluvia, para permanecer mojada, para nadar en ti. Un hollín en el ambiente ahuyentó a los patos y también a los aviones, y ya no tengo que evitar esas colas pavoneándose junto a mí. Y es que mi lago está en tus ojos. En su verde. En su furor. Y mientras floto sobre ti, escucho el enojo de papá ganso. Los rumores van y vienen por ti. Familias completas te habitamos, en las letras que te salen por los ojos, en la música que haces con ese verso secreto. Soy el epígrafe de tu creación. Soy la flor que levita en ti, la raíz adherida a tu fango, la pureza de un vientre con vida. Y mientras floto... nos invento a ambos. 

Impresionismo

Olvidé terminar mi café. Me quedé en un nenúfar de Monet en Bachelard. En la sombra precisa que necesita para florecer. Recordé los lagos, los gansos, los patos, y aquel loto que sustraje para la visita de un Maestro Budista. Cometí el error de cortar su largo tallo. No sobrevivió en aquel jarrón después de eso. Un nenúfar sin su lago es como una estrella de mar sin las olas. Se marchitó en horas. Lamenté haberlo sustraído. Quise volver a la orilla y llevarlo a morir en su entorno pero la charla apenas comenzaba y yo no lograba concentrarme. De repente el Maestro habló del vacío al que todos vamos al morir y me pregunté si el nenúfar merecía el vacío cuando era yo quién lo había sustraído. Imaginé el vacío como su lago. Un lago pequeño pero lleno de vida, con una isla de agua dulce en el centro y golfistas, sí, golfistas perdiendo sus bolas en él. Un niño vestido de plástico entrando en el lodo por la recompensa de dichas bolas. ¿Cuánto cuesta una pelota de golf después de todo? (Señor Google, pregunta, $6.533, respuesta). Vale más la salud del niño, su piel humedecida y arrugada, ¡que se trague el lago sus bolas! que no lastime a los nenúfares eso sí. Y me imagino a Claude pintando primero el reflejo del agua antes que la superficie. Me lo imagino contando con los dedos los números de pétalos difuminados. Y me imagino luego a Bachelard contemplando Le bassin aux nymphéas. ¿Qué tienen sus ojos que no tienen los nuestros? ¿Es la belleza, belleza per se, o es un reflejo del observador? 


sábado, 12 de marzo de 2016

Brazos de maratonista


Descansé en ti como lo hace una partitura con las notas blancas. Tu silencio absorbió el mío. Todas las palabras aglutinadas que tenía para decirte se hicieron beso. Cerré los ojos para sólo sentirte. Me abandoné a tu calor a pesar del torrencial que caía en la ciudad a esa hora. Los poros se me pusieron de punta y tu mano en mi pierna inventó una ruta que desconocía. Los botones salieron de recreo. Los jeans dejaron de apretujarse para conversar en el piso. Me solté el cabello y me vi tentada a abrir los ojos en medio de ese jolgorio de besos, risas y carcajadas. Entonces te vi: tu desnudez brillaba, tus hombros, tu pecho, tu vientre acurrucado, tus brazos de maratonista. Te acaricié todo. Podía ver y tocar y nada estaba prohibido.  Verte y tocarte eran sólo una excusa para saber cómo es el paraíso. Seguir viéndote era una excusa para construir luego eso que llaman recuerdo. Así fue como supe que tenías largas pestañas y que un molar distraído lucía en tu sonrisa. Así también me aprendí el ángulo exacto de tu quijada y la cantidad de pecas en tu espalda. En silencio te hice mío aunque también podría decir que me regalé a ti pero no sería cierto, no esa vez. Te hice mío como la tinta que fluye por mi pluma, te hice mío como el amuleto que guardo en el bolso, como mi estrella favorita en Scorpio. Y con esa distancia le agradecí al universo poder tocarte, tener un arrume de piel que ofrecerte, un aliento para compartir, una saliva con qué irrigarte. Y el encuentro duró horas que parecieron segundos. Para cuando tuvimos que partir, te di un beso de comienzo. ¿De qué otra forma tener la certeza de no saciar tu sed?  

lunes, 7 de marzo de 2016

Gin&Tonic

Ginebra, tónica y tú. Un trago incomparable. Sin excesos. Ni ebria, ni ebria de ti. ¿Prendida? Gozosa. Con tu sabor en mi lengua... miles de pupilas celebran. ¿Cómo inventar el beso cada que te beso? ¿Cómo no inventarlo? No cedemos a la costumbre. No renunciamos a vivir. Tú haces imágenes con tus pasos, yo escribo los míos. No te pregunto por Eugenio Recuenco ni me preguntas por Dostoievski. Sabemos que tenemos nuestras pasiones que por suerte, no son las mismas, aunque tú escribas y yo, haga maromas por un retrato. Gin&Tonic y tú. Un hielo se desliza en mi boca. Burbujas refrescantes me devuelven la ventura de tu mirada. Escucho Bésame mucho y es justo lo que quiero pedirte. No te canses. No desistas. No renuncies. Bésame y honremos nuestro pacto. Déjame besarte y te inventaré el infinito. Bien me valió de pretexto la ginebra para volver a tu boca. Tu boca: cueva, guarida, nido, rancho, hogar. Tus besos me cebaron. No importa que tan lejos emprenda mis cruzadas, siempre regreso a ti. No importa cuántas veces nos separemos, nunca dejo de fantasear con tus labios. No importa si arde el delirio o sucumbo a la oscuridad. Tu boca me salva, me das aire en el aire, aliento en el aliento, determinación en el beso. Déjame asirme de las esquinas de esa boca tuya para no perder el equilibrio.

sábado, 5 de marzo de 2016

Desabotonar silencios

El besito candoroso se llevó mi voz. Tus manos, un pedazo de mi vientre. Mi ombligo observa distraído cómo intento ubicar tu dolor. Padezco la abstinencia que me dejo tu cariño. Acaricio tu rostro, mi tesoro, en una fotografía en blanco y negro. Mis dedos tejen ausencias y procuro silbar el reto de una melodía. Bebo un Bailys y brindo por ambos, por la piel de la serpiente del tiempo y por el milagro que fue cruzarnos. Adoquines gastados reciben mis pasos en el parque. En un diario, escribo nuestra historia para que sea perenne. Allí siempre paso por ti a las dos, el miércoles, en la misma esquina, debajo de aquel semáforo cómplice que se ponía en rojo al verme llegar. Allí, también, te veo puntual llegar a nuestra cita con tus ojos ansiosos buscando los míos. Un secreto a plena luz del día: sin escondernos, buscábamos refugio y sustento. Sustento tus besos para mi boca. Sustento mis besos para tus labios. Y entonces, explorabas mi mirada, buscabas huellas nuevas. Desabotonaba un silencio, te regalaba una carcajada. Indagaba bajo tus cejas. Besaba tus manos. Cerraba los ojos para abandonarme a los demás sentidos. Olía a ti y tenía que hacer trampa: abrir los ojos... descubrirte mirando. Traviesa intimidad de signos y letras, de autores cómplices de nuestro desvarío. ¿Qué habría sido del lecho sin tu poesía? Ahora que no estás es todo lo que queda de ti. 

jueves, 3 de marzo de 2016

Se arreglan sombrillas

No importa cuántos aguaceros hayan visto caer. Se arreglan sombrillas, del esqueleto a la piel. 




Caída libre


Santaolalla, una tarde pasada por agua y tú. Desafiamos los rituales de la costumbre para hilvanar trayectorias en caída libre. Disparé un adiós que retracté con una sonrisa. Escuché mi nombre de tus labios y llovía como confeti, y es que así soy más libre, más yo. Y no me parezco ni cinco a mí. Desafías la bruma de mi alma. Me haces reír a caudales. Contigo brillo, soy el sol de un domingo. Es fugaz mi melancolía. La lluvia, es bella. La tarde, perfecta. Y mientras te invento apodos, te digo te quiero en cada uno. Eres cielo, eres pecho, eres simplemente amor. Y se que debí escoger un blues para esta entrada pero tienes que sentir la aventura de Sanataolalla. Sintoniza mi frecuencia de montaña. Abre las manos para que te abrace el viento. Cierra los ojos para sentir el vértigo. Late. Regresa. Abraza mi orfandad. Cuña esta lágrima suelta. Escúchame arañar el recuerdo en su búsqueda. Escúchame decir ¡Papá!